Contentamiento II
Para el yoga, el contentamiento permite poner las bases de la estabilidad y la paz interior. El contentamiento es esa actitud que nos lleva a estar satisfechos con el presente, con lo que tenemos y lo que vivimos. Esto no quiere decir que seamos conformistas, ya que el yoga lo que promueve es el disfrute del proceso y la mejora y aprendizaje a través de este. Nuestra cultura occidental está orientada a la consecución del resultado, lo que nos lleva a querer que el proceso en sí se desarrolle lo más rápido posible, es decir, a no disfrutarlo. El yoga por el contrario afirma que la vida en sí es un conjunto de procesos y que los resultados, son la consecuencia de dichos procesos. El proceso es en un fin en sí mismo, frente a la mentalidad occidental en la que el proceso es el medio para el fin. Para el yoga estar esperando el resultado es perderse la parte más interesante de la vida, porque toda ella es proceso. Para que se vea más gráficamente imaginemos que tenemos que ir a un sitio andando. El hombre occidental durante el camino va pensando en sus cosas, mirando el reloj y valorando lo que le queda para llegar. El yogui, por el contrario, asume que su necesidad es ir hasta el destino marcado pero recuerda que la vida está para disfrutar y aprender. Es por ello que según va caminando observa su entorno y lo disfruta, esto hace que el proceso en sí sea fructífero, aprendiendo de las dificultades, lo que a su vez hace que el trayecto parezca más corto. Cuando quiere darse cuenta ha llegado, cumpliendo su objetivo, a la vez que ha sacado beneficio y provecho del proceso. ¿No resulta esta una manera mucho más inteligente de vivir y aprovechar la vida?
Así pues los yoguis afirman que es bueno tener ilusiones y expectativas positivas para nuestras vidas, y que debemos poner los medios para lograrlas, pero eso no nos ha de llevar a vivir en el futuro, olvidando el presente. Ponemos rumbo a un destino, pero mientras tanto estamos bien, disfrutamos del paisaje del camino, y en cada etapa estamos contentos porque sabemos que nos dirigimos hacia el sitio correcto, a la vez que vivimos el viaje.
Estamos acostumbrados a vivir desde nuestra mente, la cual va saltando de objeto en objeto. Los yoguis la llaman el ‘mono de la mente’ ya que va saltando de rama en rama sin ser capaz de permanecer y disfrutar un rato en ninguna de ellas. Esta tendencia hace que cuando hemos logrado algo, nuestra mente en seguida se sienta insatisfecha y proyecte nuevos deseos o necesidades, es de alguna manera como el burro y la zanahoria, un viaje sin fin en busca de algo que satisfaga la mente. Pero el viaje tiene trampa porque la satisfacción de la mente nace justo del sosiego, la pacificación y estabilización de esta. Para ello es necesario que seamos capaces de pararla, cuando vemos que se apega al futuro, a un futuro concreto y determinado, y que nos arrastra a vivir con la mirada absorta en él, perdiéndonos el presente.
El hatha yoga intenta lograr este objetivo a través de la concentración en las ásanas y del contentamiento en ellas, por medio de la relajación y disfrute de las posturas. Cuando logramos el aquietamiento del cuerpo y de la mente, un estado de bienestar nos invade y nos centra en el presente, no deseando nada más allá de ese momento sino estar donde estamos y haciendo lo que estamos haciendo. Reeducamos así nuestra mente y nos capacitamos para disfrutar la vida tal y como es.