Desidentificación
La ciencia occidental se ha basado en la razón y la experimentación instrumental, dejando de lado el sentimiento y la propia percepción humana. Esto nos ha llevado a valorar sólo aquello cuya existencia podía ser demostrada empíricamente. La ciencia ha jugado un importante rol en la construcción de nuestra sociedad y por lo tanto de nuestras creencias y valores. De manera inconsciente la sociedad nos educa (no sólo en nuestra infancia sino a lo largo de toda nuestra vida) pensando que nuestra última realidad son el cuerpo y la mente, llevándonos a una absoluta identificación con ellos.
Multitud de filosofías y etnias indígenas no han separado el conocimiento que se puede adquirir con la razón de aquel que se puede percibir con el sentimiento y otras capacidades sutiles existentes en el hombre. Podemos observar como en su tradición se sigue creyendo en que nuestra realidad última es nuestro espíritu. Pero no sólo se sigue creyendo, sino que se sigue viviendo según esta visión.
El hecho de identificarnos con nuestro cuerpo genera en nosotros multitud de miedos asociados con la enfermedad, el sufrimiento, el envejecimiento, la muerte, etc. Ese desasosiego no existe en aquellas filosofías que han diseñado su forma de vida en el espíritu y no exclusivamente en el cuerpo y la mente.
Al identificarnos con nuestra mente necesitamos defenderla del exterior, ya que si alguien desmonta nuestras creencias para nosotros sólo quedaría el vacío existencial (porque estamos identificados con ello) lo cual pondría en peligro nuestra salud mental. Es por ello que nos aferramos a nuestras ideas y creencias creando castillos bien sólidos que nos permitan defendernos de alguien que ponga en jaque nuestros planteamientos, tengan razón o no. Esto por desgracia nos dificulta el aprendizaje y la evolución ya que nuestra mente se vuelve impermeable a la verdad, porque lo importante es mantener aquello en lo que creemos más que valorar si aquello es realmente de utilidad para nosotros o no.
El que comprende que no es tampoco su mente, la acepta como instrumento valioso pero a la vez imperfecto y eso le ayuda a entender las críticas como oportunidades para mejorar y aprender. Dejamos de estar tan preocupados por tener razón y pasamos a dar prioridad a la verdad, a aprender de las ideas y experiencias de los demás que pueden enriquecer mi mente, transformarla y convertirla día a día en un instrumento de mayor valor para mí. En la medida en que no nos identificamos con nuestra mente, ponemos más fácilmente en tela de juicio nuestras creencias y nuestros valores, lo que nos permite renovar aquello que vemos que da resultados que no son positivos. Al cambiar nuestra mente, cambia nuestra visión y cambiamos nosotros mismos. Dejamos de ser intolerantes, impacientes, orgullosos, soberbios (la soberbia consiste en imponer al otro mi verdad por creer que es la única válida) y prepotentes. Aceptamos al otro y sus defectos son comprendidos y tolerados, en la medida que deban de serlo. La negatividad del otro deja de molestarnos y eso nos permite sobreponernos a ella, nos capacita para ayudar al otro y nos ayuda a ser más felices, porque pocas cosas nos molestan.
La desidentificación es un camino largo que empieza por la reflexión, por la comprensión de que más allá de nuestro cuerpo y de nuestra mente, existe nuestro espíritu y que es ese espíritu el que ha decidido tomar forma humana (con un cuerpo y una mente como herramientas valiosas e indispensables para poder desarrollar las vivencias necesarias). En este momento empezamos a vivir la vida desde otro punto de vista, lo que le sucede a mi cuerpo y mente me afecta de una manera distinta. Las vivencias percibidas antaño como difíciles o duras ya no me incapacitan para actuar positiva y conscientemente, dejo de ser sufridor pasivo y asumo un papel activo.
Muchas personas confunden la desidentificación con la insensibilidad, cuando en realidad no tienen nada que ver. La desidentificación nos acerca al otro, ya que me permite colocarme en un lugar donde la negatividad del otro se relativiza y no me afecta tan directamente. Esto me permite acercarme a él a pesar de su negatividad y ayudarle si quiere mi ayuda. La insensibilidad por el contrario, nos aleja del otro haciéndonos perder el interés por él y por ayudarle.
Lograr la desidentificación de manera gradual no es tan complicado como parece. Cuando vamos al cine podemos encontrar a una persona que está completamente metida en la película y que sufre en primera persona lo que está sucediendo. Se identifica con un personaje y a partir de ahí vive en su cuerpo y su mente sus experiencias. Digo en su cuerpo, porque las emociones que siente hacen que se segreguen una serie de hormonas que son introducidas en el torrente sanguíneo y que afectan a cada una de nuestras células.
Más allá, en la misma sala, podemos ver alguien que observa la película, está en ella pero con cierta distancia, siente, disfruta y sufre pero de una manera muy distinta. Sabe que eso que sucede allí no le sucede a ella, y eso le permite asumir un papel de observador que hace que se percate de muchos más detalles de la película (porque no está identificado con el actor principal) teniendo una visión más completa del conjunto,. Esto le permite aprender, ponerse en el lugar de los ‘buenos’ y los ‘malos’, observar cosas que pasan desapercibidas para los demás, etc., de manera que esa experiencia se convierte en algo enriquecedor, mientras que el que se ha identificado con algún personaje ha asumido simplemente un papel pasivo, dejándose llevar sin más.
Esto mismo que explicamos aquí sucede en nuestra vida diaria. Así pues intentemos asumir ese papel de observador objetivo de nuestros pensamientos y sentimientos, con el fin de poder verlos con claridad y dilucidar si debemos de alimentarlos o por el contrario debemos de transformarlos.
En la práctica de yoga aprendemos la desidentificación adoptando las posturas de estiramiento, donde vamos calmando la respiración y relativizando la molestia producida por el estiramiento. Con el tiempo aprendemos a situarnos en un lugar de nosotros donde esa molestia sigue estando ahí, pero no nos absorbe, sino que nos permite mantener a la vez que relajamos y absorbemos la energía en movimiento.
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