Devoción al Señor

El yoga considera que hemos sido creados por Dios y que formamos parte de Él. Dado que nuestro espíritu está inmerso en la materia, ha perdido temporalmente el conocimiento de sí mismo y se percibe aislado y distinto del resto. Como ya hemos comentado el yoga busca descorrer los velos de la mente que nos confunden y hacen pensar que somos aislados de los demás. Nuestra mente, a través de las percepciones sensoriales externas y de su propia experiencia se cree única y es por ello que tiene una tendencia a actuar de manera egoísta. Ahora bien con la práctica del yoga en su conjunto, es decir no sólo de lo que son las ásanas, el pranayama, y la relajación, vamos siendo capaces de ir descorriendo lentamente esos velos y ampliando nuestra visión percibiendo a los demás como si fuéramos nosotros mismos. Este proceso es difícil y largo, y es por ello que el yogui entendiendo su pequeñez e incapacidad eleva la vista a Dios, se une con Él en oración y meditación para pedirle, como Creador y Padre nuestro, que nos ayude en nuestro trabajo de transformación del egoísmo a la generosidad, del rechazo a la aceptación, del miedo al amor… Para poder evolucionar como personas necesitamos aceptar que hay algo superior a nosotros, que sea nuestra referencia, nuestro camino, sino nos veremos abocados al estancamiento. Imaginemos el caso de un niño que considera que lo sabe todo y que no tiene nada que aprender de los adultos, permanecería sin duda estancado en su estado.

Cuando el yogui eleva humildemente su oración a Dios, abre literalmente sus canales energéticos para permitir que una nueva energía fluya sobre él, ayudándole en la transformación y en la desidentificación de la mente, mostrándole otras formas de ver la vida y comprender las cosas. Recordemos las palabras de Jesús de Nazaret al respecto: ‘Dios da su luz a los humildes y se la niega a los soberbios’. Al orar a Dios nos desidentificamos de nuestro ego, reconociendo la necesidad que tenemos del amparo de Dios. Mientras sigamos pensando que somos omnipotentes y que podemos tener bajo control todas las circunstancias de nuestra vida, nos estaremos cerrando a la ayuda que Dios nos puede y quiere aportar. Paralelamente al aspecto espiritual y sin menospreciarlo, en Occidente se han llevado a cabo estudios sobre cómo afecta a nivel físico y mental, las emociones generadas en un profundo acto de devoción a Dios. Y es que esas emociones tienen un impacto positivo y beneficioso a nivel celular, es decir, en millones de células de nuestro cuerpo.

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