Introducción Al Yoga
El objetivo de ir desvelando la filosofía del yoga es doble. Por un lado, la práctica del Hatha Yoga surge como una técnica que forma parte de una metodología más amplia que pretende ayudar al ser humano a liberarse de todo lo que le impide ser feliz y cumplir con su objetivo de vida. Es por ello que primero está la filosofía y de ahí surge la práctica. Parece evidente por lo tanto que cuanto más conozcamos de la filosofía mejor nos dispondremos para sacar el máximo partido a la práctica del yoga. Por otro lado con estos comentarios sobre filosofía buscamos aprovechar una gran fuente de conocimiento sobre el funcionamiento del ser humano y especialmente de nuestra mente, que han puesto a nuestro alcance los yoguis a través de sus experiencias. Sin duda sus valiosos descubrimientos nos pueden resultar tremendamente útiles en nuestras vidas diarias.
El yoga es eminentemente práctico y como ciencia nace de la observación y de la experimentación. La diferencia con la ciencia occidental es que en el yoga el hombre experimenta sobre sí mismo, de una manera metódica, observando y analizando lo que en él sucede. No hay instrumentos de medida más que la propia mente, los sentimientos, las emociones, las sensaciones y la percepción de la energía. Es una ciencia, ya que es un proceso de adquisición y organización de conocimiento empírico.
No sabemos con certeza la procedencia del yoga, pero a nosotros nos ha llegado desde la India, país con una cultura muy distinta a la nuestra. Hoy en día es evidente que todo intercambio cultural es enriquecedor y nos aporta puntos de vista complementarios sobre los distintos elementos del mundo y sobre la vida misma. Así pues aunque determinadas afirmaciones de esta ciencia puedan resultarnos algo exóticas, no nos apresuremos en nuestro juicio y demos una oportunidad para valorar desde la experiencia la veracidad o no de tal afirmación.
Existen muchos prejuicios sobre le yoga en nuestra sociedad, frecuentemente basados en el desconocimiento sobre esta filosofía. En los últimos años ha habido una enorme expansión de su práctica y en menor medida de la difusión de su filosofía. El yoga no tiene un origen concreto, al menos que conozcamos, hay datos que revelan su existencia ya por el 2500 a.C.
Yoga significa unión. Así pues la práctica del yoga busca la unión. Primero unir el cuerpo y la mente, y luego trascender la mente para unirnos con aquello que está más allá de esta y que es el origen de todas las cosas: el Espíritu Único al que nosotros llamamos Dios.
En el yoga que nosotros practicamos esa unión se logra concentrándonos en el cuerpo y la respiración, lo que hace cesar el pensamiento y ulteriormente trascender la mente. Llevándonos más allá de esta. Ahora bien, ¿qué hay más allá? No se puede explicar porque ya no es el dominio de la mente. Algunos místicos de todas las religiones han intentado describir este estado y sus experiencias en él pero para nosotros sus palabras son, en general, inteligibles.
El yoga nos ayuda a ir tomando consciencia de nuestro cuerpo, de nuestra respiración, de nuestros pensamientos y emociones. Vivimos un ritmo de vida demasiado acelerado en el que rara vez podemos pararnos a observar lo que sentimos. Los pensamientos nos piensan a nosotros, más que ser nosotros los que elegimos albergar un pensamiento específico en nuestra mente. Nos ayuda a conocernos en todas nuestras facetas. Saca a la luz nuestra falta de simetría en el cuerpo, la poca capacidad de percepción de este, nuestras limitaciones físicas, la falta de control de la mente, etc. Pero no se queda ahí, nos ayuda a aceptarlas y trabajarlas para devolver la simetría, la percepción, para liberar hasta cierto punto limitaciones físicas que no deberían de estar ahí, nos ayuda a controlar la mente, a dominar el cuerpo y moverlo con armonía, a expresarnos libremente…
Por desgracia en nuestra sociedad lo antiguo ha perdido valor y se aprecian las cosas en función de lo novedosas que son. Digo con pena, porque el yoga es una herramienta que puede resulta muy valiosa en el camino del ser humano hacia la felicidad. Se da una cierta paradoja, por un lado existe una apertura evidente pero por otro existe una cierta falta de respeto, hacia ciertas tradiciones antiguas que se han revelado ser más acertadas que las nuevas y con cierto grado de condescendencia se ‘ponen al día’ como si en todos los aspectos nuestra sociedad estuviera más avanzada que cualquier otra que haya poblado este planeta. Nos falta humildad y el yoga nos ayuda a lograrla. Los últimos descubrimientos en mecánica cuántica y teoría de cuerdas corroboran las enseñanzas del yoga, sobre la materia, la energía, y el principio que subyace a todas las cosas más allá de la diversidad aparente.
En última instancia lo que nos hace infelices es nuestra forma de encajar las situaciones que nos trae la vida, es decir, son nuestros estados mentales. Y el yoga ayuda a vivir en estados mentales positivos partiendo de la aceptación de la realidad.
Así pues acerquémonos a la práctica de yoga, libres de prejuicios y con una mente abierta dando cabida a lo que muchos otros han aprendido antes que nosotros. Y hagamos tal y como han hecho todos los yoguis, no aceptemos o rechacemos nada de la enseñanza del yoga hasta haberlo experimentado por nosotros mismos.