La no-codicia

De la misma manera que la avidez está relacionada con el deseo, la codicia lo está con el apego. Decíamos que la avidez nos lleva a desear cosas que no nos pertenecen por derecho propio, y que eso tiene como consecuencia la no aceptación de nuestras circunstancias y por consiguiente la infelicidad. La codicia tiene un efecto similar ya que implica una sensación de no satisfacción ni aceptación de la realidad que nos ha tocado vivir, aunque hay ciertos matices que la diferencian de la avidez.

La codicia nos lleva al apego material, emocional, mental y físico. Hace que nos identifiquemos con las cosas impidiendo ver la realidad de quienes somos y centrando nuestra atención en aspectos de la vida que nos alejan del objetivo de esta.

Como hemos comentado en clases anteriores, los yoguis van adentrándose desde el plano material hasta aspectos cada vez más sutiles y este ‘yama’ no es una excepción.

Nos apegamos evidentemente a nuestras posesiones. No las consideramos como herramientas que nos rinden un servicio satisfaciendo una necesidad existente en nosotros, y por eso nuestros estados de ánimo se ven agitados en función de estas posesiones materiales. Según los yoguis el ser humano en realidad necesita muy poco para sobrevivir. Instan al hombre a buscar vivir con aquello que necesita. Ahora bien, no critican que vivamos con más de lo que necesitamos, pero lo que si que nos avisan es que evitemos identificarnos con aquello que poseemos porque eso nos hará infelices y emocionalmente inestables. Creen que cuanto más simplifiquemos nuestras vidas, en la medida en que nuestras circunstancias lo permitan, más sencillo nos resultará descorrer los velos de la mente y entender y realizar el propósito de la vida.

Nos apegamos a nuestras creencias y formas de pensar. Esto hace que al estar tan identificados con nuestras creencias no estemos dando la posibilidad a que una nueva verdad complete o transforme nuestra visión. Nos encerramos y aferramos a ellas, impidiendo cualquier evolución o cambio. Además nos impide el acercamiento a los demás, porque tenemos la tendencia a defender e intentar convencer al otro de que nuestra verdad es la Verdad. El desapego por el contrario, nos permite separarnos un poco de nuestras creencias para acercarnos a las del otro y valorarlas y estudiarlas, permitiéndonos esto comprender al otro en su pensar y en su hacer, haciéndonos más tolerantes, comprensivos y permeables a la verdad.

Nos apegamos a nuestras emociones. Al identificarnos con ellas nos incapacitamos para trascenderlas. Las emociones están ahí, pero es una elección personal el dejar que estas nos gobiernen o simplemente convivir con ellas aceptando lo que nos aportan pero no dejando que nos condicionen. A medida que nos desidentificamos de ellas somos más libres porque no nos condicionan. Con esto los yoguis no quieren decir que sean malas, sino que han de ocupar el lugar que le corresponde y tener la influencia que les corresponde.

Nos apegamos a nuestro cuerpo. Al hacer esto prestamos demasiada atención a este, valorándolo en exceso y buscando la forma de mantenerlo anormalmente joven para siempre. Esta identificación nos lleva a la inseguridad, a la vanidad, al desasosiego y a dedicar demasiado tiempo y dinero en ello. Una vez más el yoga defiende colocar al cuerpo en el lugar que le corresponde como vehículo de nuestro espíritu que es. Es necesario que esté bien alimentado y sano.

Según lo comentado, la codicia nos lleva a encerrarnos en nosotros mismos y a preocuparnos por mantener las cosas tal y como están. Nos aleja de los demás, nos hace más fríos y no permite que la vida fluya en nosotros impidiendo el proceso natural de evolución en el ser humano.

En la práctica del yoga podemos trabajar el desapego, virtud contraria a la codicia. Trabajamos con el cuerpo y con la mente pero sin dejar que ninguno de los dos nos condicione. Nos desidentificamos del cuerpo a medida que respiramos y nos relajamos en las asanas. Que vamos siendo capaces de separarnos de esa pequeña molestia que puede surgir alguna vez a partir de un estiramiento. Pero como hemos dicho trabajamos con el cuerpo y observamos sus limitaciones y le llevamos hasta allí sin forzarlo ni maltratarlo. A nivel mental trabajamos la diligencia aunque nuestro cuerpo pueda estar perezoso, pero no dejamos que eso nos condicione.

El yoga dice que cada uno ha de seguir su propio proceso de evolución y que ningún proceso es comparable a otro. No es bueno violentar la propia naturaleza forzando cosas fuera de momento, pero a la vez alerta del peligro de la permisividad con uno mismo, que le podría llevar al estancamiento. Como método que busca la liberación del ser humano, la única forma de ver si vamos por buen camino es valorar si nos sentimos menos apegados a lo que nos rodea. La identificación con cualquier cosa que no seamos nosotros no hace más que enturbiar nuestra vista y aumentar los velos de la mente separándonos de los demás y de nuestra propia esencia.

Para que reflexionemos: ¿con que aspectos de los mencionados me siento más apegado?, ¿me condicionan de alguna manera haciéndome menos libre?

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