Limpieza (II)

La experiencia en distintos ámbitos nos muestra que resulta imprescindible tratar a los sistemas de manera integral ya que de no hacerse, se desarrollan en extremo unas facetas de éste dejando de lado y en subdesarrollo, otras igualmente importantes. Esas carencias no cubiertas generan tensión y tienden a hacer una demanda cada vez más contundente.

Podemos ver un ejemplo claro en nuestra sociedad occidental donde se ha desarrollado principalmente el aspecto económico y tecnológico, dejando de lado aspectos como el medioambiental, social, cultural, etc. Esto ha tenido como consecuencia una degradación del medio ambiente, importantes flujos migratorios entre países de distinto desarrollo económico, diferencias y falta de entendimiento entre culturas, etc. De la misma manera si consideramos como sistema al ser humano, en occidente hemos dado más importancia a la parte física e intelectual , dejando de lado las facetas emocional, sentimental y mental (en el sentido del conocimiento de nuestra mente). Si una persona desarrolla mucho el aspecto intelectual dejando de lado el emocional y sentimental, lo más probable es que tenga dificultades para identificar sentimientos, para gestionar emociones y como consecuencia de fluir y de relacionarse de una manera natural con las personas. Por el contrario una persona que ha desarrollado mucho el sentimiento (en relación a otras facetas), tendrá dificultad para gestionarlo y saber mantener una estabilidad, ya que esta nace fruto del discernimiento realizado con la mente.

Es por ello que el yoga aconseja que prestemos atención al conjunto del ser humano en sus aspectos físico, emocional, mental, sentimental y espiritual, buscando un desarrollo paralelo de todas estas realidades. Solo así lograremos un equilibrio y evitaremos las asimetrías que, como en todo sistema, generan tensión y conflicto.

Cuando los yoguis hablan de limpieza se refieren al conjunto del ser humano. En lo que concierne al aspecto emocional, mental y sentimental hacen hincapié en dos trabajos a realizar. El primero, ya comentado, es no generar nueva ‘basura mental’ evitando alimentar pensamientos negativos fruto de experiencias difíciles o poco gratas. Esos pensamientos generan emociones y realimentan sentimientos, constituyendo un ciclo creciente sin fin. El segundo área de trabajo consiste en la revisión de todo el contenido a nivel consciente y subconsciente, que nos condiciona y por lo tanto impide expresarnos con libertad. Este contenido es influenciado y generado por la educación, el ámbito cultural y la propia personalidad. A través de la observación el yogui constata que todo nuestro hacer cotidiano se ve influenciado por dichos contenidos y presta atención a su mente para ir detectando aspectos sutiles de estos condicionamientos que nos permitirán analizar en mayor profundidad su razón de ser y validez. Una vez que el yogui toma consciencia de la existencia de un condicionamiento, miedo a no ser valorado por ejemplo, utiliza su mente para analizarlo. Llega a la conclusión, en este caso, de que la valoración no ha de venir del exterior ya que entonces estaríamos sometidos permanentemente a los gustos de los demás (lo cual es un caos porque los gustos de las personas raramente coinciden y no podemos gustar a todo el mundo) y a las modas cambiantes, impidiéndonos forjar una personalidad estable y verdadera, fundamentada en lo que somos, no en lo que los demás esperan de nosotros. Por el contrario el yogui entiende que esa valoración nace en mí cuando consigo alinear mi hacer y mi sentir. Al hacer aquello que creo que debo de hacer independientemente de modas y gustos ajenos, se produce en mí un sentir de estabilidad, de paz y de confianza.
Evidentemente este es un trabajo de años y de pequeños pasos, en los que al principio sólo somos capaces de identificar pequeños condicionantes y posteriormente nos vamos adiestrando tanto en la observación como en el análisis de estos. Dejo de hacer cosas por lo que pensarán los demás, o hago cosas en función de lo que piensen.

Hay muchas falsas creencias fuertemente arraigadas en nosotros que condicionan nuestro hacer de manera absolutamente inconsciente, pero con gran fuerza. En la medida en que tomamos consciencia de ellas las revisamos y sustituimos por otras (como en el ejemplo anterior de la valoración) nos liberamos de ellas y sentamos unas nuevas creencias basadas en algo más real y verdadero.

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