Meditación: ¿Por qué meditar?

El hombre está formado por su cuerpo, su mente y su espíritu, y si quiere disfrutar de una vida sana debe de cuidar estos tres aspectos. La sociedad occidental se ha centrado en el cuidado del cuerpo, lo que ha permitido, en general, que tengamos buenos niveles de salud física. Ahora bien, no es raro encontrar en las personas ciertos problemas relacionados con la mente y el espíritu, tales como la incapacidad de relajarse, de parar la mente, de disfrutar con plenitud, de canalizar las emociones negativas (ansiedad, estrés, agresividad, impaciencia…). Es sabido que cuando no se cuida el cuerpo surge la enfermedad física, así pues no es de extrañar que cuando no se cuidan la mente ni el espíritu surgen los problemas o enfermedades mentales y espirituales (desasosiego, depresión, insatisfacción con nuestras vidas, etc.).

Las máquinas diseñadas por nosotros tienen la necesidad de parar cada cierto tiempo para ser mantenidas, así pues ¿por qué extrañarse de la necesidad de cuidar de la mente y del espíritu? Resulta, pues, curioso que muchos se sorprendan cuando toman consciencia de la necesidad de cuidar la mente y el espíritu, y es que el prejuicio de que ni es necesario ni es importante está fuertemente arraigado en nosotros.

¿Cómo se deben cuidar la mente y el espíritu?

La meditación es una disciplina mental esencial que nos ayuda en el cuidado de la mente y del espíritu, de ahí que todas las religiones y corrientes espirituales la hayan adoptado bajo formas diversas.

Seamos conscientes de ello o no, estamos muy condicionados por nuestra cultura, educación y demás prejuicios personales, lo que nos limita a la hora de decidir y expresar aquello que realmente queremos o creemos que debemos expresar. Es por ello que para poder llevar una vida satisfactoria necesitamos observar y revisar todos esos contenidos de la mente (lo que tradicionalmente se ha llamado introspección). Cuando nos sentamos a meditar empiezan a aflorar todos estos contenidos que no están bien colocados, de la misma manera que cuando la corriente de un río empieza a amainar, aparecen poco a poco las rocas del río que anteriormente eran invisibles. Con nuestra mente en activo resulta imposible que estos contenidos afloren, de ahí la importancia de la meditación. Meditar no es pensar en esos contenido pero si observarlos y tomar consciencia de ellos. Posteriormente, podremos analizar cómo creemos que me está limitando o condicionando aquello que he descubierto y buscaremos la forma de encajar esa pieza del puzzle apropiadamente en nuestra mente para que no genere desorden.

Con la meditación logramos concentrar la mente y por lo tanto vivir más plenamente el presente. Este control mental nos permite parar el proceso de pensamiento, poniéndole en su lugar y sacando de nuestras vidas a ese intruso (el pensar indiscriminado y permanente) que se cuela cuando quiere en ella, impidiéndonos estar tranquilos y disfrutar.

Todos pasamos por épocas en las que no sabemos qué sucede pero nos sentimos extraños como si algo no fuera bien. La desconexión con nuestro espíritu (nuestro interior) no nos permite identificar la causa de aquello, lo que nos lleva a actitudes extrañas y muchas veces a tomar decisiones que no tienen nada que ver con el asunto en cuestión por el mero hecho de desconocer su causa. La meditación nos ayuda a parar la mente y abre un espacio que permite que afloren nuestros sentimientos más profundos. Al aflorar tomamos consciencia de ellos, lo que nos pone en una situación privilegiada para poder analizarlos y cambiar lo que sea necesario.

Muchas de nuestras decisiones más importantes en la vida han sido tomadas con poco convencimiento o claridad debido a nuestra poca conexión con nuestro espíritu. La meditación, nos conecta con él ofreciéndonos una información valiosísima para decidir desde nuestra verdadera necesidad y no desde los prejuicios, miedos, o lo que los demás piensan.

La meditación es un tónico mental y nervioso, ya que logramos que la energía vital fluya armoniosamente. Además, nuestra capacidad de análisis y discernimiento (tanto intuitivo como racional) se ve aumentada, lo que nos ayuda a tomar decisiones con consistencia.

Muchas personas, después de lecturas relacionadas con la meditación se ven pronto desilusionadas ante la dificultad de conseguir los resultados esperados de manera inmediata. Pero al igual que en la práctica del Hatha Yoga, la meditación empieza a dar beneficios desde el primer momento en que nos ponemos a ello. A lo largo de todo ese camino de aprendizaje y de asimilación de experiencias vitales, van aflorando de nuestra mente todos nuestros deseos no colocados, miedos, prejuicios, negatividades, etc., que son los que nos impiden vivir plenamente.

Todo ese proceso es, por lo tanto, muy necesario ya que nos permite ir colocando en nosotros mismos todo aquello que no está en su lugar, y que disturba nuestra mente y nuestra serenidad. Según vamos avanzando en este proceso nuestra mente va estando más calmada y el estado meditativo surge.

Empecemos por lo tanto por deshacernos del prejuicio que nos lleva a no valorar ni aprovechar el proceso, y entendamos que el fin llegará por sí mismo una vez que hayamos tomado las medidas apropiadas para conseguirlo, es decir, sentarnos asiduamente a meditar.

Nota: No es recomendable que las personas que sufren depresión se inicien en la meditación, ya que es normal al principio que nuestra mente divague y se ponga a pensar en lo que nos preocupa. En el caso de depresiones esto no es aconsejable porque puede acentuar la enfermedad.