Meditación II
En la clase anterior ubicamos el lugar que ocupa la meditación dentro de la práctica del Raja Yoga (recordamos que el Hatha Yoga forma parte de éste). Hoy comentaremos los aspectos más prácticos de la meditación.
Es necesario empezar diciendo que la meditación como tal no puede ser enseñada, ya que es un estado de la mente que sobreviene en un momento dado, bajo unas circunstancias concretas. En este sentido, y a modo de símil, podemos referirnos a sueño (en el sentido de dormir, no en el de ensoñación). Nadie puede enseñarnos a dormir, nos pueden dar una serie de pautas que nos predispongan a ello, pero que de por sí no aseguran el resultado. Nos pueden enseñar a ponernos el pijama, a lavarnos los dientes, apagar la luz, meternos en la cama, e incluso adoptar una postura concreta, pero hasta ahí llega la enseñanza. A partir de ahí el sueño sobrevendrá o no, y nadie nos puede enseñar como. Es más, no podemos luchar contra la mente, si esta mantiene su actividad impidiendo al sueño hacerse presente. Queda con esto dicho que lo que a continuación exponemos es un método (uno dentro de los muchos que existen en Yoga) para prepararnos a la meditación.
Por otro lado sí que resulta de interés explicar de antemano el por qué de la necesidad de un método y de los beneficios de seguirlo (al menos mientras sigamos siendo principiantes en la meditación). El Yoga ha desarrollado un profundo conocimiento de la mente humana y ha entendido que a través de la creación de hábitos podemos predisponer a nuestra mente para que entre en un estado concreto. Esto es lo que buscamos a la hora de seguir el método, dar unas pautas a nuestra mente para que, según las va identificando, vaya poco a poco adentrándose en ese estado, cada vez más familiar, de la meditación. Evidentemente, cuando hayamos adquirido la práctica suficiente y un buen control de la mente algunos de estos elementos sobrevendrán casi por si mismos sin necesidad de pensar en ellos.
Veamos a continuación algunos factores importantes en la meditación:
1. Horario. Resulta de gran ayuda meditar siempre que se pueda a la misma hora, y preferiblemente al amanecer y/o al atardecer. Aún así observemos nuestra naturaleza, cada uno la suya y veamos en que momentos del día creemos nosotros que tenemos una mayor facilidad para meditar.
2. Lugar. Lo ideal es que sea un sitio exclusivo para la meditación, o en su defecto un rincón de una habitación en la que no se suela hablar mucho, ni haya una televisión. Recordemos que la mente humana actúa como emisor y receptor de ondas cerebrales (electromagnéticas) que tienen la misma naturaleza que las ondas de radio y televisión. Así pues, meditar en un sitio de gran actividad mental dificultará la práctica. Preferiblemente orientémonos mirando al Norte o al Este.
3. Postura.
a. La columna vertebral ha de estar recta y si nos resulta posible sin estar en contacto no nada. No es necesario meditar en la postura del loto, ni siquiera en el suelo, podemos hacerlo en una silla sin apoyarnos en el respaldo.
b. Las piernas han de estar cruzadas con el fin de que el flujo energético del cuerpo no se disipe a través de los pies sino que vuelva a ser reorientado en un ciclo sin fin.
c. Las manos apoyadas, por ejemplo, sobre las rodillas con el índice y corazón unidos.
4. Tiempo. Empezaremos meditando 20 minutos aumentando el tiempo según nos vaya siendo cómodo.
En lo que al método en sí, recordemos que este es uno de los métodos que existen entre otros muchos. Digamos que de la misma manera que la relajación es un estado y hay muchos caminos para llegar a éste, la meditación es un estado y hay muchas técnicas para llegar a esta.
El hecho de seguir los mismos pasos del método que presentamos, ayuda, como ya hemos dicho, a crear un hábito que nuestra mente identifica y relaciona con la meditación haciendo más fácil ésta. Los pasos a seguir son:
1. Una vez que estamos sentados tomamos consciencia del momento presente, de por qué nos sentamos a meditar, es decir, traemos nuestra conciencia al ahora.
2. Vamos regulando poco a poco la respiración de manera que mantengamos una respiración con un mismo ritmo, que vaya entrando en la monotonía. Si es posible respiramos abdominalmente.
3. Una vez que mi mente se va sosegando a través de la respiración lenta, observamos la mente. Puede que al principio esté muy activa, no importa, no luchamos contra ella. Si luchamos generamos una forma de energía agresiva que dificultará aún más la meditación. Con paciencia, y siguiendo la respiración rítmica, finamos la mente ya sea en el entrecejo o en el plexo solar (esternón). Ahora resulta más fácil fijar la mente, ya que ésta necesita un objeto sobre el que estar posada. Si no hay objeto se aferrará al primer pensamiento que aparezca por ella. Elegimos siempre el mismo punto donde fijar la mente (recordemos que estamos intentando generar un hábito) y si nos resulta complicado fijarla porque no percibimos la sensación táctil de ese lugar podemos visualizar la llama de una vela en el punto de meditación elegido, lo cual ayudará y facilitará a mantener la concentración.
Con la práctica iremos observando cómo nos resulta cada vez más sencillo mantener nuestra conciencia en el punto de concentración sin que pensamiento alguno disturbe dicho estado. Como en la creación de cualquier hábito la perseverancia y asiduidad son claves si queremos lograr nuestro objetivo.
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