Miedo y el sentimiento de culpabilidad

En la última clase comentábamos algunos de los obstáculos que nos solemos encontrar a la hora de meditar. Hacíamos una pequeña introducción sobre la parte positiva y negativa existente en todo ser humano. Hoy nos adentraremos un poco más en este tema…

Filosofías y religiones han coincidido a la hora de aceptar que en el ser humano existe una parte positiva, ligada a nuestro espíritu y de la que emanan nuestras virtudes y el deseo de ser mejores personas. Y una parte negativa, ligada a nuestra parte más instintiva (propia de nuestra biología animal) y a nuestros defectos. Estas dos partes, conviven en nosotros teniendo cada persona más activa una u otra según sus valores y voluntad.

De la refinación de estos instintos surgen la ambición, la impaciencia, la intolerancia, el orgullo, la búsqueda de valoración, la vanidad, etc., que tienen como denominador común el egoísmo: pensar en mí sin tener en cuenta a los demás.

Así pues todas esas manifestaciones nacidas de la negatividad son en cierta medida comprensibles (en la medida en que en el hombre primitivo fueron necesarias para perpetuar la especie). Pero ahora disponemos de un grado de conciencia superior, y cada día más gracias a la espiritualidad y la ciencia moderna que ubican al ser humano en su lugar, formando parte de un todo: todos hemos nacido de la misma Fuente, por lo que en esencia somos lo mismo (a pesar de que los aspectos accidentales o circunstanciales sean distintos).

Cuando tenemos unos valores claros no nos dejamos llevar por el instinto (tales como el de supervivencia y perpetuación de la especie) que está profundamente arraigado en nosotros (aunque de una manera más sutil). Esos valores se contraponen al egoísmo nacido de nuestro instinto, y nos llevan a actuar de una manera más evolucionada buscando el bien de todos y no sólo el nuestro. Ahora bien esto requiere un trabajo gradual que nos lleve a hacer lo que consideramos que debemos de hacer por encima de los impulsos.

Es por ello que debemos revisar nuestras creencias asociándolo a la nueva realidad, y dejando atrás los paradigmas antiguos que están basados más en la competencia que en la cooperación, construyendo así una nueva visión que nos lleve a hacer y vivir de una manera distinta. Tenemos un ejemplo muy cercano que nos ilustra esta necesidad. Observemos nuestras células, si compitieran entre ellas no sería posible que nuestro cuerpo existiera, ahora bien ellas han entendido su rol dentro de nuestro cuerpo, cada una lo asume entendiendo que al hacer eso como corresponde se está beneficiando todo el organismo y por lo tanto asegurando su existencia.

Ahora bien todo este proceso de cambio de paradigma o de visión no resulta fácil, porque tenemos unos moldes muy arraigados, que además son realimentados por la educación que recibimos y los medios de comunicación de los que nos nutrimos. A esto le tenemos que unir que nuestra parte negativa, más instintiva y conservadora, teme el cambio. Es por ello que intenta evitar esa evolución natural de nuestras conciencias y para ello se vale de diversos mecanismos, entre ellos el miedo y el sentimiento de culpabilidad.

Observemos el sentimiento de culpabilidad. Cuando estamos haciendo algo y nuestra mente es medianamente consciente de que aquello no debe de ser así, la tendencia es a mirar hacia otro lado y acelerar el proceso para llevar acabo la acción (por el supuesto bien que a corto plazo que aquello nos genera). Más tarde surge en nosotros un sentimiento de culpabilidad, que tiene dos componentes esenciales. La primera es que ayuda a que en cierta medida nuestra conciencia quede tranquila, porque no pasa por alto el hecho en sí, sino que tomamos consciencia y nos sentimos mal, y eso deja a mi conciencia tranquila. La segunda es que no nos permite que analicemos la situación. Es decir, no nos deja indagar sobre cómo evitar volver a cometer el mismo error. Esto lo hace a través del rechazo a nosotros mismos, de la vergüenza, etc. Con este mecanismo nuestra parte negativa se asegura el control y mantiene las cosas como están, ya que por un lado le da un señuelo a la parte positiva diciendo ‘sé que lo he hecho mal y me siento mal por ello’ y por otro no permite analizar las causas que lo generaron y por lo tanto impide el cambio.

En lo que al miedo se refiere, empecemos haciendo el siguiente ejercicio ya sea a través de la imaginación o de manera real. ¿Qué aparece en mi mente cuando entro en una habitación que está oscura y donde no puedo percibir absolutamente nada? La tendencia general es a proyectar aquello que tememos. Es curioso que en esa situación no proyectemos algo bonito o agradable sino que hagamos justo lo contrario. La oscuridad abre un espacio en el que nuestra mente no tiene en dónde apoyarse generando inseguridad y miedo, de ahí sus proyecciones. Así pues la ignorancia o desconocimiento hace que proyectemos aquello que tememos y nos hace huir de esa situación. Nuestra parte negativa se vale de esto para mantener ocultas dentro de nuestra mente determinadas cosas con el fin de que no nos enfrentemos a ellas. En el momento en que pongamos luz sobre ellas, tomaremos consciencia de lo que es y en ese momento nos capacitamos para poder aceptar aquello y transformarlo. Así pues a nuestra parte negativa le conviene mantener oculto a través del miedo, determinados contenidos porque eso le asegura que no nos atreveremos a indagar más allá, asegurándose que nos quedamos como estamos. Recordemos el ‘Show de Truman’, donde simplemente a través del miedo al agua le consiguen confinar en un escenario. Eso mismo hace nuestra parte negativa con nosotros, se vale del miedo para mantenernos confinados a una experiencia limitada y de esta manera nos impide cuestionarnos determinadas cosas y enfrentarnos a ellas, porque eso abre un espacio hacia una nueva forma de ser más generosa e integradora, y nuestro instinto lo teme.

Una vez que hemos tomado consciencia de los mecanismos de los que se vale la parte negativa para mantener su influencia, y por lo tanto el control, nos predisponemos a desenmascararlos más fácilmente. Cuando veamos que sucede alguna de estas cosas, intentemos ir más allá comprendiendo que quedarnos en no analizar nos lleva a no aprender. Si somos capaces de hacerlo veremos que al superar los miedos y sentimientos de culpa podemos cambiar aquello que estaba generando ese malestar desapareciendo este para siempre.

Tags: , , , , ,