No sensualidad
Este ‘yama’, o restricción, está relacionado con cómo y para qué utilizamos nuestros sentidos. Los sentidos son las extensiones de la mente que nos permiten relacionarnos con el mundo que nos rodea. Sin ellos estaríamos confinados a nuestro mundo interno.
Nuestras carencias, miedos y deseos no satisfechos generan tensiones físicas y emocionales. Muchas veces no somos conscientes de su existencia pero nos impulsan a un hacer determinado y de una manera concreta. Estas tensiones, como cualquier forma de energía, necesitan fluir. En caso contrario generan nerviosismo, ansiedad e insatisfacción, pudiendo tener efectos sobre la salud. Si nos limitamos a liberar esas tensiones dando rienda suelta a las satisfacciones sensoriales a que nos impulsan, obtendremos una sensación de relax efímera, pero en ningún caso una paz interior duradera.
Si observamos las vidas de quienes buscan la paz y la libertad a través de la disipación de esas energías por medio de los sentidos, vemos que si ciertamente son capaces de deshacerse de esas tensiones internas, no suelen ser personas que transmiten una profunda paz interior. Por el contrario, suelen ser nerviosos y poco estables emocionalmente.
Por el contrario, el que logra no ser esclavo de sus propios procesos internos logra la paz interior. Para ello es necesario conocerlos, entenderlos, ver sus causas y posteriormente ir trabajando en la transformación de estas, si es que se deben transformar, y en la canalización apropiada de la energía que estas fomentan. La verdadera libertad nace fruto de ese conocimiento y de poner nuestra voluntad allí donde queremos ir, satisfaciendo cuando así debe de ser nuestros sentidos y renunciando a ello cuando sea necesario. Esto concede al ser humano un sentimiento de poder, de control sobre sí mismo, de conciencia expansiva, de bienestar y calma.
Por otro lado, un exceso de uso de los sentidos hace que el ser humano sea incapaz de adentrarse en su interior, estando todo él fuera. Para poder encontrar esa paz tan buscada es necesario que progresivamente seamos capaces de ir hacia dentro, de encontrar el equilibrio entre el mundo exterior y lo que sucede dentro de nosotros. En el Hatha Yoga trabajamos este aspecto a través de la concentración en las posturas, manteniéndola a lo largo de toda la práctica.
Para el yoga, cualquier placer sensorial que no exalta el sentido de unidad universal, sino que tiende más bien a enfatizar nuestra conciencia de separación egoísta de otros seres, puede catalogarse como sensualidad. Poniéndolo en los términos que venimos usando, todo aquello que haga más tupidos los velos de la mente es considerado como sensualidad porque no va en la línea de lo que estamos buscando: descorrer esos velos para percatarnos de la Unidad que subyace en todo, de la cual formamos parte. Según esta clasificación, las experiencias sensoriales que nos conectan con los demás son positivas ya que nos ayudan a descorrer los velos de la mente.
De aquí podemos entender que el yoga no está de acuerdo ni con la represión ni con la expresión sin conciencia ni control. Acepta que mientras nosotros no seamos capaces de transformar las causas que generan esos estados y que a su vez son los causantes de esas emociones negativas, estaremos sujetos a esa variabilidad. Es por ello que nos recomienda ir haciendo un trabajo en paralelo: encontrar formas de liberar esa tensión interna y buscar la forma de transformar las causas. La represión conduce a problemas físicos, mentales y emocionales. Cuando una persona se hace consciente de esos estados y busca con su entendimiento comprender sus causas se produce la transformación.
Aún así, debemos entender que el ‘yama’ de la no sensualidad es un proceso en el que debemos ir trabajando. Normalmente no estamos capacitados para vivir según nuestros ideales, pero estos están ahí para alumbrar nuestro camino y orientar nuestros pasos. Así pues partiendo de la aceptación de nuestras limitaciones y de nuestro deseo de vivir según estos vamos andando a veces más rápido, otras más lento, a veces nos equivocaremos y otras no. No pasa nada, lo importante es que estamos siendo sinceros con nosotros mismos aceptando nuestra limitación y poniendo nuestra voluntad en la realización de ese ideal, levantándonos cada vez que nos caemos, y tratándonos a nosotros mismos con cariño y aceptación. El crecimiento debe llegar naturalmente, no violentando la propia naturaleza.
En Hatha Yoga, liberamos las tensiones físicas y emocionales, a través de las posturas, la respiración, la concentración y la relajación. Por eso al terminar la práctica, si nuestra actitud ha sido la apropiada, nos sentimos más relajados y enérgicos.
Para practicar: Empecemos por pararnos de vez en cuando a lo largo del día y observar estos estados (¿cómo me siento?) y cuando sea algo negativo intentemos separarnos de ello, como si lo dejáramos donde estamos y diéramos unos pasos hacia un lado.
Para reflexionar: ¿Tengo conocimiento de esos estados emocionales y tensiones?, ¿soy consciente de que hacia que tipo de acción liberadora me impulsan?