No violencia
Los yoguis han desarrollado una metodología que lleva al hombre a lograr esa unión de su personalidad aislada con su espíritu, lo cual en sí desemboca en la felicidad. Esa metodología se concreta en ocho etapas llamadas, Ashtanga Yoga. Son etapas a través de las cuales el yogui va transformando su mente y su forma de ver la vida, lo que le lleva a transformar también sus relaciones con los demás.
Las ocho etapas son: yama, niyama, asana, pranayama, pratiahara, dharana, dhyana y Samadhi. Hoy hablaremos de yama y desarrollaremos uno de sus puntos.
Los yama, o literalmente en sánscrito restricciones, son una serie de ‘reglas’ que ha de seguir el ser humano a lo largo de su vida si pretende lograr la felicidad. Para los yoguis no existe un concepto absoluto de bueno o malo. La bondad o maldad de una acción o actitud está basada en las consecuencias que tiene sobre nosotros y los demás. De esta manera todo lo que tenga por consecuencia un acercamiento hacia el otro es bueno, porque nos ayuda a descorrer los velos de la mente que no nos dejan ver la unicidad subyacente en todos nosotros: todos estamos animados por un único Espíritu que es Dios. Con el cumplimiento de estas restricciones el hombre va purificando su mente y se va transformando. Estas cinco restricciones son: no violencia, no mentir, no robar, no sensualidad y no codicia. Las traducciones del sánscrito son complejas y estas palabras no logran reflejar en nuestro idioma la profundidad de estas observaciones. Se tienen que comprender tanto en un sentido sutil como en el sentido obvio.
Desarrollaremos hoy la no-violencia.
A priori no-violencia suena algo evidente en la vida de todo ser humano, pero a medida que vamos observándonos nos percatamos de que en realidad es algo que se da en todos nosotros, ya sea hacia nosotros mismos o hacia los demás, en forma de pensamiento, sentimiento, palabra o acción. A nivel físico, la violencia, está mal vista en nuestra sociedad y por ello está en gran parte erradicada, al menos en lo que se refiere de individuo a individuo. Pero hay otras formas de violencia que se expresan con la palabra o el pensamiento. Todo lo que lleve adherido una forma de agresividad, es un tipo de violencia.
El yogui trata de ir observando lo que pasa por su mente y lo que siente. Al observar toma consciencia de la existencia de una agresividad (sutil o no). El siguiente paso que adopta es la aceptación de que eso está presente en él. Solo a través de la aceptación podremos transformarlo. Posteriormente intenta analizar qué es lo que le lleva en cada caso a expresar esa agresividad. La agresividad nace de una falta de aceptación del otro, de la intolerancia y de un sentimiento de que yo soy aislado de los demás. En la medida en que va descubriendo los motivos que le llevan a expresar esa agresividad, se predispone a transformarlo aplicando el polo opuesto, esto significa aceptación, tolerancia, etc.
El yoga dice que en última instancia, lo que hacemos a otros nos lo hacemos a nosotros mismos por dos motivos. El primero, según vimos en la anterior clase, son los velos de la mente los que hacen que nos percibamos como aislados del resto pero la realidad no es esa. El segundo, todo acto de agresividad nace en la mente y tiene como precursor un pensamiento. La ciencia moderna ha observado y llegado a la conclusión de que el pensamiento es una forma de energía y que como toda energía funciona por afinidad y resonancia. Esto significa que atraemos ondas de pensamiento similares a las que emitimos, y no sólo eso sino que esas ondas amplifican, por el efecto de resonancia, la intensidad de nuestras propias ondas realimentándolas. Así pues digamos que un pensamiento negativo, en este caso de agresividad, es como un boomerang que se va haciendo grande según vuela de vuelta hacia nosotros.
Los yoguis dan más importancia al sentimiento interno que es el origen del hacer, más que al acto en sí. No son las formas lo que importan sino lo que está detrás. Es por ello, que no consideran que enfrentarse ante una situación sea negativo, la cuestión es si hay agresividad al hacerlo o no. Consideran que en la vida hay que decir las cosas y saber delimitar al otro si en el uso de su libertad nos está perjudicando. La diferencia es que lo hacen desde la comprensión hacia el otro, lo cual les da un sentir positivo. Esto no reduce para nada su firmeza en el planteamiento de la cuestión. Así pues no-violencia no significa dejar que los demás hagan lo que quieran con nosotros, porque eso estaría siendo un acto de violencia de mí mismo hacia mi persona.
Un acto muy común de agresividad es querer imponer mi voluntad al otro. A menudo consideramos estar en posesión de la verdad y buscamos convencer al otro imponiéndole mi verdad. Esto lleva a conflictos en los que lo que se busca es llevar la razón y no descubrir cuál es la verdad sobre el asunto.
A través de la práctica del yoga los yoguis van trabajando en la no-violencia. Por un lado, en lo que es la construcción y mantenimiento de las ásanas. El yogui no utiliza su mente para doblegar su cuerpo e intentar hacer que llegue hasta donde la mente quiere, ya que eso es una forma de violencia, sino que busca unir su mente con su cuerpo e ir viendo los límites de este llevándole hasta ahí y ayudando desde la mente con la relajación y una respiración calmada. Por otro lado, observa su mente y permanece atento a los pensamientos que pasan por ella, tomando consciencia de aquellos que son agresivos y buscando su transformación.
Según logra el yogui refinar su mente llega a observar pensamientos de muy sutil violencia hacia sí mismo. Para ellos hay formas de deseos que son agresivos, porque son malos para nosotros, es por ello que intentan ir dejando de lado esos deseos perjudiciales. Saben que los deseos de la mente no siempre son buenos para mí y por eso los observan.
Tags: codicia, Felicidad, no violencia, sensualidad, Yoga