Resumen y conclusión de los ‘yamas’

Según el yoga con el cumplimiento de los ‘yamas’ logramos dos objetivos: por un lado evitamos comportamientos que tienen efectos no deseados a medio plazo y por otro liberar los bloqueos energéticos existentes en nosotros permitiéndonos expresar aspectos y cualidades propias de nuestro espíritu como la comprensión, la tolerancia, la paz, la compasión, la verdad, la aceptación… La violencia, la mentira, etc. nacen en nuestra mente y al oponerse a la realidad de la vida, bloquean el flujo natural de esta en nosotros.

Hay una cualidad necesaria que merece la pena destacar que subyace en el cumplimiento de todos los yamas, se trata de la aceptación. Veamos el poder transformador de la aceptación en cada uno de los yamas:

- No violencia. Cuando nuestros deseos y proyecciones mentales sobre lo que queremos que sea la realidad no concuerdan con esta, reaccionamos de una manera violenta contra la vida, contra los demás y nosotros mismos. A través de la agresividad y la violencia, desde sus formas más burdas hasta las más sutiles, intentamos imponer a la vida, al otro o a nosotros mismos la realidad que nosotros deseamos. Si por el contrario acogemos la vida, al otro e incluso a nosotros mismos tal y como somos, estamos logrando a través de la aceptación eliminar el sufrimiento creado por la diferencia existente entre la realidad y lo que nosotros habíamos proyectado. A modo de ejemplo, visualicemos una situación en la que el otro no piensa como yo. La tendencia es imponerle mi forma de ver las cosas, ya que quiero que el otro reafirme mi verdad por encima de aceptar que tiene una forma distinta de ver las cosas. Otro ejemplo simple sería: si me voy de fin de semana, deseo que sea soleado. Cuando me levanto y veo que no hace sol, maldigo y me enfado porque las cosas no son como yo quería. De esta manera me predispongo a que todo lo que suceda ese día, aunque sea hermoso, no me llegue ni satisfaga porque mi estado emocional es negativo y por lo tanto mi percepción la realidad se ve transformada. Si por el contrario acepto aquello y me digo, ‘bueno seguro que será una buena experiencia igualmente’ no empezaré el día enfadado y abriéndome a posibles experiencias no previstas pero enriquecedoras.

- No mentira. La mentira ofrece al otro la visión de lo que a nosotros nos gustaría ser o que las cosas fueran, aunque no lo seamos. Esto nos hace fingir llevándonos a un estado de nerviosismo e inseguridad porque siempre existe la posibilidad de que se descubra la verdad. Vivimos preocupados por que aquello no salga a la luz. Y al final resulta más beneficioso para nuestra felicidad aceptar la realidad que no tergiversarla, por mucho que pueda parecer que obtenemos un beneficio. Quizás ese beneficio exista a corto plazo, pero la inseguridad que genera a medio suele ser mayor. En la medida en que nos aceptamos como somos y aceptamos nuestras circunstancias, no tenemos miedo a ser sinceros ni con nosotros ni con los demás. Esto no sólo facilita y hace más auténticas nuestras relaciones, sino que además nos sitúa en una posición inmejorable para cambiar lo que no nos gusta de nuestra personalidad. Sólo a través de la aceptación de que hay algo en nuestra personalidad que no nos gusta podemos transformarlo en aquello que deseamos ser.

- No avidez. Cuando no estamos satisfechos con lo que somos o con las circunstancias que nos han tocado vivir buscamos en el exterior aquello que creemos que nos hará felices. Y así comenzamos una carrera por obtener aquello que creemos que nos hará felices, pero esta carrera resulta ser una trampa porque según los yoguis la paz se encuentra en nuestro interior. A través de la aceptación de nuestras circunstancias, empieza a entrar el sosiego y la serenidad en nuestras vidas. La aceptación hace descansar a la mente y sentirse satisfecha con la realidad que nos rodea. A partir de aquí cesa el deseo, y aún habiendo áreas en las que nos gustaría mejorar eso no nos desequilibra ni hace sentir a disgusto en el presente.

- La sensualidad. Por un lado los yoguis nos animan a entender que existe una vida externa, esa con la que nos relacionamos a través de los sentidos y la mente, y una vida interna, a la que se accede a través de la introspección, la reflexión y la meditación. Para ellos es esencial que el ser humano encuentre un equilibrio entre las dos. La felicidad no es posible si vivimos sólo la vida exterior y aseguran que vivir sólo esta parte nos lleva a buscarla a través de la satisfacción sensorial y de la mente, lo que es absolutamente imposible. La aceptación en este caso nos permite utilizar los sentidos de la manera apropiada, no intentando llevar al extremo sus gratificaciones, permitiéndonos esto adentrarnos en esa otra vida, la vida interior, descubriendo nuestra esencia y caminando hacia la felicidad.

- La codicia. Dijimos que la codicia nos lleva al apego y a la identificación con las cosas, en su sentido más amplio. Dado que todo lo que pertenece al mundo manifestado, en el que vivimos, es por naturaleza cambiante, esta identificación nos hace fluctuar con aquello a lo que estamos apegados. La aceptación nos ayuda a desidentificarnos de las cosas, lo cual nos permite usarlas y disfrutarlas pero sin depender de ellas. Esto significa que ante su ausencia nuestra felicidad no se verá alterada.

Como hemos visto el problema principal, en lo que a los yamas se refiere radica en la diferencia que existe entre lo que deseamos y lo que la vida nos trae. Para poder aplicar la aceptación en cada uno de estos casos debemos de ser capaces de renunciar a aquello que estamos queriendo. Según los yoguis a medida que tenemos un conocimiento más elevado de la vida, entendemos que no siempre lo que deseamos es lo mejor para nosotros, lo cual nos permite ir poco a poco renunciando a aquello que creíamos que era lo mejor, porque quizás haya otras experiencias que escapan a nuestra imaginación que son mejores.

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