Veracidad o no mentira
La segunda observación o ‘yama’ dentro de las cinco que propone la filosofía del yoga es la no-mentira. Una vez más, debemos de entenderlo en su sentido obvio y sutil dado que en sánscrito tiene un significado amplio y profundo. Es por ello que dedicaremos unos minutos a desmenuzar lo que este ‘yama’ significa. Hablaremos de las implicaciones de la verdad y de la mentira.
Se refiere al uso de la verdad con los demás y con uno mismo. Sobre la verdad en sentido obvio no hace falta hablar mucho, sabemos que las consecuencias de la mentira tienden a dificultar las cosas a medio plazo agravando por lo general los problemas. Yendo a un sentido más sutil de la verdad, nos encontramos con las justificaciones que nos hacemos a nosotros mismos y a los demás. Cuando nos justificamos ante nosotros, es porque no queremos reconocer la verdad tal y como es. Así pues el ejercicio de este yama implica no justificarnos y aceptar la realidad que se da en nosotros. Esto nos llevará a conocer que es lo que nos mueve a la acción y cuáles son los valores en los que está sustentado nuestro hacer. A partir de aquí empezaremos a conocernos tal y como somos sin dobleces, lo que nos permitirá aceptarnos con nuestras virtudes y defectos. Al conocernos nos estamos predisponiendo para transformar aquello que vemos que no es bueno para los demás ni para nosotros mismos.
No debemos confundir decir la verdad con la crueldad, ni dejar que la verdad se convierta en una excusa para atacar con mala intención al otro. Vivir con la verdad no quiere decir expresarla constantemente, hay que sopesar cuando por el beneficio del otro debemos hablar y cuando debemos callar. La verdad es beneficiosa siempre. Hacer afirmaciones dañinas aún cuando estén basadas en hechos obvios, pero superficiales y temporales, no es vivir con la verdad. Así pues no utilicemos la verdad como arma para ejercer la violencia, queriendo imponer al otro nuestra voluntad. Muchos se aferran a una verdad y la utilizan para justificarse y dar salida a su agresividad. La verdad nunca puede llevarnos a la dureza de corazón.
Vivir con la verdad implica que nos preguntemos sobre nuestros propios mitos y creencias, que son los que en última instancia nos llevan a actuar como lo hacemos. Por ejemplo, si se me ha educado en la no igualdad de oportunidades entre el hombre y la mujer, vivir con la verdad significa preguntarme sobre la validez de esa enseñanza. Y al descubrir su falsedad sustituirla por una acorde con los principios morales universales. Nuestra sociedad ha sido diseñada por hombres y como tal es imperfecta, y muchos de los mitos que sustentan nuestros valores son falsos. Ejemplos los tenemos a nuestro alrededor a cientos. Nuestra sociedad ve la Tierra como algo que se puede explotar sin límite ni cuidado. Ahora estamos recogiendo los frutos de esa visión, las consecuencias son más que evidentes. De alguna manera vivir con la verdad significa revisar nuestros valores, depurarlos, renovarlos y alinearlos con la ley natural que todo ser humano lleva dentro y que es universal.
Los velos de la mente (nuestras falsas creencias) nos llevan a actuar como lo hacemos considerándonos aislados de los demás, cuando la verdad es que el espíritu que nos anima es uno, y que junto con la Tierra y los demás seres que la habitan formamos una comunidad de vida interdependiente. Busquemos descorrer y disolver dichos velos para ver las cosas tal y como son, y vivirlas de una manera plena desde la verdad.
Seguir esta observación, de no-mentira, nos lleva a buscar la verdad progresivamente en todo. Y a medida que conocemos la verdad, esta nos va liberando. A medida que entiendo en qué están basados mis miedos, súbitamente pierden parte de la fuerza que tenían y me capacito para poder hacerlos frente. El miedo impide la felicidad y limita al ser humano en la expresión de quien realmente es. Según voy entendiendo que ciertos comportamientos míos están basados en determinadas emociones, sentimientos y prejuicios, comprendo las causas y puedo transformarlas para no producir siempre los mismos efectos que son negativos y me hacen infeliz.
La mentira siempre está asociada a la no aceptación de las cosas. El primer paso para conocer la verdad sobre las cosas es aceptarlas tal y como son realmente, sin justificaciones. Sólo podemos trabajar con lo que es, y partiendo de ahí intentar mejorar las situaciones.
Una actitud de adhesión a la verdad implica parar nuestra mente y no dejarla que emita, a partir de nuestros prejuicios, juicios prematuros. Dejar nuestra mente en blanco dando la oportunidad a que aquello que estamos conociendo se exprese. Nuestra tendencia es a coger sólo parte de la información que observamos, pasarla por el filtro de nuestra mente y elaborar un juicio, que por lo general no refleja la realidad.
Querer vivir la verdad significa a estar dispuesto a escucharla, lo cual no es fácil.
Querer vivir con la verdad significa estar dispuesto a dejar de lado nuestra verdad, para abrir un espacio donde otras verdades puedan complementar o sustituir la nuestra. Un científico que examina en profundidad la naturaleza de las cosas, sin permitir que prejuicio personal alguno influya sobre sus investigaciones está, en cierta medida, practicando la adhesión a la verdad.
En la práctica del yoga, podemos trabajar la verdad a través de las ásanas y de la aceptación. Como decíamos antes, para poder conocer la verdad es necesario estar dispuesto a aceptarla. Así pues cuando construyamos una ásana, de estiramiento por ejemplo, adoptemos una actitud de observación de nuestro cuerpo, veamos hasta dónde podemos construirla y mantenerla cómodamente y pudiendo relajarnos. Llegados aquí aceptemos ese punto y al hacerlo veremos cómo al hacer esto liberaremos la tensión que nos impide relajar y estirar.