Austeridad

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La austeridad es una palabra poco apreciada en occidente y sobre la que pesan muchos prejuicios. Por desgracia se ha estudiado poco las ventajas que de ella se derivan y se ha llevado al extremo su interpretación.

Asociamos austeridad con algunas formas de vida monacal, enmarcadas en un contexto de precariedad, dureza, frialdad, e insatisfacción. Pero la verdadera austeridad no tiene nada que ver con ninguna de esas palabras, ya que nace de la comprensión, de la voluntad propia y del convencimiento de que es buena y necesaria.

La austeridad para los yoguis nace de la observación de los resultados que de ella se derivan.

Tradicionalmente las sociedades occidentales han confundido la felicidad con la posesión de cantidad de bienes, pero los resultados son visibles: muchas personas lo tienen todo menos la felicidad. Esto nos debería de llevar a reflexionar y quizás modificar la forma en que buscamos la felicidad.

Según el yoga el ser humano, tiene una vida externa y otra interna, seamos conscientes de ellas o no. Y cada una de estas vidas influye y alimenta a la otra. En oriente, y en general en muchas tradiciones religiosas o filosóficas, se ha hecho gran hincapié en la necesidad de momentos de soledad, de silencio e incluso de meditación. Son esos momentos los que nos permiten interiorizar las vivencias externas, analizarlas, valorarlas, y más aún nos permite encontrar nuestro centro. Ese lugar donde la mente se reposa, el tiempo se para y todo está bien. Es como nuestro refugio interior. Es similar a cuando el cazador prehistórico que al volver a la cueva se sentía seguro, protegido y arropado, lo que le permitía buscar entender el mundo en el que vivía y mejorar las formas de supervivencia, de caza y de vida, en general. Así, las experiencias fuera de la cueva (externas) y la posterior interiorización de estas dentro de ella (interna) le permiten ir evolucionando y mejorando su vida a través de la observación y del método prueba-error.

El problema en nuestra sociedad es que hemos perdido la capacidad de llevar a cabo este ejercicio de reflexión e interiorización, y esto en gran parte es por la gran cantidad de cosas de las que disponemos, que hacen que nuestra mente esté siempre fuera, impidiendo su descanso y reflexión. Es por ello que los yoguis valoran la austeridad. Es evidente que cuanto más tenemos, más tiempo y dinero necesitamos dedicar a mantener y disfrutar de aquello que tenemos, y nos vamos metiendo en un círculo vicioso en el que nosotros mismos generamos necesidades virtuales. Si por el contrario simplificamos nuestras vidas al máximo, viviendo confortablemente pero evitando todo aquello que disperse nuestra atención, facilitamos un entorno en el que poder tener algo más de tiempo para las relaciones profundas y más aún con nosotros mismos.

Sin la austeridad es imposible ir al interior de la cueva, porque nuestra mente se dispersa y carecemos de tiempo. Y sin la cueva, no hay reflexión ni mejoras consistentes en nuestras vidas.

De esta forma de austeridad nace la sencillez, el contentamiento, el discernimiento entre lo necesario y lo superfluo, la capacidad de disfrute nacida de la creciente capacidad de concentración, la paz interior fruto de disponer de tiempo para la reflexión y meditación, etc. Además nos lleva al dominio de nosotros mismos, a no ser tan esclavos de las circunstancias, sino a tomar decisiones firmes con la satisfacción de estar haciendo aquello que quiero y creo que debo de hacer.

A poco que intentemos proyectar lo que una vida algo más austera podría aportarnos veremos que sus beneficios son numerosos.

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