Obstáculos en la meditación

Published by admin under Principal

Numerosos son los obstáculos que encontraremos para poder meditar. Los encontraremos tanto antes de sentarnos (pereza, falta de interés, etc.) como una vez sentados (dispersión, impaciencia, apego). Es por ello una buenísima oportunidad para observarnos y ver cuales son esos motivos que hacen que no me quiera sentar a meditar o impiden que medite una vez sentado. Sólo con el análisis de estos motivos ya estaremos sacando un provecho muy valioso de la meditación, ya que nos ayudará a conocernos más en profundidad. Al observarnos descubriremos falta de sinceridad con nosotros mismos, ya que intentaremos convencernos de que en realidad no tenemos tiempo para meditar o no podemos, o que la meditación es para otros. Veremos cómo nuestra mente busca excusas de todo tipo para evadirse de la meditación, lo cual tiene su por qué como a continuación explicamos. Todos nosotros tenemos nuestra parte positiva (de la que emanan las virtudes) y nuestra parte negativa (defectos), que tradicionalmente se ha representado con el ángel en un hombro y el diablo en el otro conversando con nuestra conciencia e intentando convencerla cada uno en su sentido. Como ya hemos comentado en otras clases, la meditación es una buena herramienta que nos ayuda a ir conociéndonos, ya que permite que aflore lo que hay en nuestro interior. De una manera intuitiva, nuestra parte negativa sabe que la meditación supone el principio del fin de sus vicios o defectos, y es por ello que intenta por cualquier medio poner obstáculos para impedirlo. El miedo y el sentimiento de culpabilidad son dos poderosas herramientas que utiliza nuestra parte negativa. Esta parte negativa usa el miedo para evitar que reflexionemos o nos enfrentemos a determinadas situaciones impidiéndonos superar aquello que nos frena, condiciona o incapacita. También usa el sentimiento de culpabilidad para dejar las cosas tal y como están, porque la culpa no quiere mirar a las causas de nuestra mala acción sino que nos deja lamentándonos sobre nuestra actitud o carácter, sin permitir que analicemos las causas, aprendamos y cambiemos.

Podríamos decir que cada uno pondrá, de manera inconsciente, sus propios obstáculos para no sentarse a meditar. Es por ello que de esta observación ganaremos mucho sobre el conocimiento de nosotros mismos, lo que nos permitirá saber qué debemos de trabajar internamente (unos tendrán que trabajar la pereza, otros no poner excusas y ser sinceros, otros el desapego, la constancia, el compromiso, etc.).

Dado que los obstáculos dependen de la naturaleza de cada persona presentamos, a modo de resumen, algunos de los que consideramos más frecuentes:

  • Impaciencia. En nuestra sociedad vivimos principalmente desde la mente, así pues esperamos que algo suceda mientras meditamos y si no es así tenemos la sensación de perder el tiempo o de no estar haciéndolo bien. Esta actitud es la que impide que meditemos porque nuestra mente está activa, buscando o esperando algo, y lo que buscamos es serenarla, reducir su actividad para abrir paso a otras expresiones de nuestro yo. Así pues seamos pacientes y tengamos en mente que sentarnos a meditar siempre es positivo y tiene un efecto sobre nosotros, aunque no seamos capaces de percibirlo
  • Apego a los resultados. Muchos son los que habiendo leído los beneficios que se derivan de la práctica asidua de la meditación se adentran en ella. Ahora bien, nos hemos acostumbrado a trabajar por cosas que dan resultados a corto plazo, y la meditación no da esos resultados de los que se habla en los libros a corto plazo (aunque sí otros como ya hemos comentado). El querer obtener los beneficios antes de tiempo nos lleva a la desmotivación y después al abandono. Así pues, sabiendo que la meditación da resultados desde el primer momento en que nos sentamos, no nos apeguemos a los grandes beneficios y sepamos ir valorando los “pequeños” (aunque yo no diría tan pequeños) beneficios que nos va aportando.
  • Falta de disciplina. En otras clases hemos comentado la importancia de crear un hábito (horarios, lugar, etc.) para que la mente identifique los patrones y se predisponga a meditar. La falta de disciplina impide que estos patrones se creen, dificultando el progreso en la meditación y minando nuestra moral, teniendo por último resultado el abandono.
  • No seguir la técnica. En los primeros años de meditación seguir una técnica fija para meditar nos ayuda a generar el hábito que predispondrá a nuestra mente a meditar. Así pues una vez que hemos comprendido el sentido de la técnica acojámoslo y cuando dominemos la meditación podremos prescindir por completo de él, porque aquello será en nosotros de una manera tan clara y evidente que pequeños signos nos predispondrán a tal estado.
  • Postura inapropiada. Para poder serenar la mente el cuerpo tiene que estar en una postura cómoda (que no haya tensiones y que podamos mantener durante largo tiempo). Además la postura ha de asegurar un correcto fluir de la energía por el cuerpo, especialmente en la columna vertebral.
  • Hábitos mentales y físicos. Si tenemos poca costumbre de concentrar la mente (ya sea a través de la lectura u otras actividades) nos resultará más complicado meditar. Así pues, apaguemos de vez en cuando la radio y la televisión y dejemos que la mente se relaje adentrándose con las actividades cotidianas que lo permitan (limpieza de la casa, cuidado de plantas o animales, cocinar, etc.). Las personas muy mentales encontrarán más dificultades para meditar que aquellas que tienen una conexión más fluida con su sentimiento. Una vida externa sobrecargada de movimiento físico tiende a promover una mente agitada e inestable.

A medida que nos sentamos a meditar observamos como todos estos obstáculos aparecen y, tras la toma de consciencia apropiada y la concentración correcta, desaparecen con el tiempo, haciendo de la meditación una actividad placentera y renovadora, que vitaliza nuestro ánimo y nuestras emociones positivas.

Tags: , , , , , , , , ,

Meditación I

Published by admin under Principal

Hemos comentado en otras ocasiones que el Hatha Yoga forma parte de uno de los cuatro senderos del yoga: el ‘Raja Yoga’ o yoga de la mente. Pero el Raja Yoga no sólo comprende el ‘Hatha Yoga’ sino otras formas de yoga como pueden ser el kundalini yoga. El ‘Raja Yoga’ se caracteriza por tener ocho etapas que llevan progresivamente a la consecución del fin último del yoga: la realización del Ser, es decir, el percibir de manera clara y permanente la unión con la Consciencia Universal (o Dios) y por lo tanto con los demás. Una vez eliminado de nosotros la ilusión de la separación y habiendo experimentado que la esencia que nos anima es la misma, para el hombre realizado deja de tener sentido el tratar a otros de manera diferente a como se trata a sí mismo. Entiende que hacer esa diferenciación sería lo mismo que tratar de manera distinta mi mano izquierda de la derecha, cuando en el fondo forman ambas parte de mí. Como es de esperar el proceso por el que logramos dicha realización conlleva la transformación del egoísmo (una vida basada en el yo) en generosidad y amor (una vida en la que me mantengo pendiente de las necesidades de los demás).

Las ocho etapas tienen un orden lógico como explicamos a continuación:
1. Restricciones (Yama).
2. Observaciones (Niyama).
3. Posturas físicas (Asana).
4. Control del prana a través de la respiración (Pranayama).
5. Retracción de los sentidos (Pratyahara).
6. Concentración (Dharana).
7. Meditación (Dhyana).
8. Supraconsciencia (Samadhi).

En las últimas clases venimos hablando en detalle de cada unas de las ‘restricciones’ y ‘observaciones’ que tienen por objetivo ir transformando poco a poco nuestra negatividad que al final nos impide y condiciona en la expresión de lo que realmente somos, un espíritu con cualidades positivas como el amor, la aceptación, la generosidad, la compasión, etc. Los yoghis han experimentado que si seguimos las pautas marcadas por las restricciones y observaciones, el hombre camina hacia una vida de felicidad y de plenitud. Si por el contrario no las sigue habrá una mayor tendencia hacia la frustración y el vacío.

Tradicionalmente en India, una persona que se quería adentrar en el estudio del yoga (como estilo de vida y forma de perfeccionamiento humano) no empezaba con la práctica física (lo que conocemos en occidente por yoga) hasta no haber desarrollado en cierta medida los puntos uno y dos. Para el Yoga, como para la ciencia occidental, una grandísima parte de las enfermedades tienen su origen en nuestra forma de vivir y más concretamente en el uso que hacemos de la mente (origen psicosomático de las enfermedades). No tiene pues sentido empezar a trabajar el cuerpo, para devolverlo a su estado natural de salud y flexibilidad, si lo que causa la enfermedad sigue estando presente: violencia, mentira, falta de contentamiento, avidez, etc. Una vez realizado ese trabajo de mejora personal, comenzaban a aprender las ‘posturas físicas’ y el pranayama, con el fin de mantener el cuerpo y la mente sanas, a la vez que se armonizaba el flujo energético en el cuerpo.

Habiendo logrado una limpieza de mente (lo que implica limpieza de pensamiento, de acción y de sentimiento) y habiendo preparado el cuerpo el yogui está preparado para adentrarse en la meditación. Es de esperar que si una persona no ha hecho ese trabajo previo, cuando intente meditar habrá un montón de pensamientos ‘no colocados’ que aparecerán en su mente buscando su lugar.

Siguiendo con el punto cinco, en las clases de yoga vamos trabajando la retracción de los sentidos a través de la interiorización, por medio de la concentración de nuestra mente sobre la respiración, los órganos, etc., intentando desconectarla del mundo exterior con el que nos comunicamos a través de los sentidos.

Los tres últimos pasos están relacionados aunque difieren grandemente en su naturaleza. Dharana consiste en ir concentrando la mente en objetos, externos o no, con el fin de educarla y de controlarla. En este estado nuestra mente se muestra aún un poco salvaje no queriendo fijarse de manera continua, se produce un ir y venir sobre el objeto en el que nos concentramos. En la meditación nuestra mente sigue fija en el objeto, pero de una manera continua, no hay un ir y venir, por mi mente no se agolpan pensamientos a los que me apego que me sacan y alejan del objeto en meditación, hay un aquietamiento del flujo mental.

En relación al estado de Samadhi pocas palabras se pueden decir ya que es un estado en el que estamos más allá de nuestra consciencia. Muchos místicos han intentado explicarlo con palabras, pero resulta complicado ya que las palabras pertenecen al dominio de la mente mientras que el estado de Samadhi está más allá de esta. Se podría definir a partir de algunas de sus consecuencias, pero eso no sería definir el estado en sí. Durante el Samahdi se produce una paradoja, somos más conscientes de nosotros mismos de lo que lo hayamos sido jamás, pero a la vez ese estado de consciencia, aún siendo tremendamente claro y preciso, es vago en el sentido de que dejo de estar identificado conmigo mismo, con mi mente y con mi cuerpo, mi consciencia individual se sumerge en la Consciencia Universal de la misma manera que una gota de lluvia se funde con el océano. Paso a sentirme parte de todo lo que es, de esa Consciencia Universal (para otros llamada Dios) que es la que da vida a todo.

Tags: , , , , , , ,

Limpieza (II)

Published by admin under Principal

La experiencia en distintos ámbitos nos muestra que resulta imprescindible tratar a los sistemas de manera integral ya que de no hacerse, se desarrollan en extremo unas facetas de éste dejando de lado y en subdesarrollo, otras igualmente importantes. Esas carencias no cubiertas generan tensión y tienden a hacer una demanda cada vez más contundente.

Podemos ver un ejemplo claro en nuestra sociedad occidental donde se ha desarrollado principalmente el aspecto económico y tecnológico, dejando de lado aspectos como el medioambiental, social, cultural, etc. Esto ha tenido como consecuencia una degradación del medio ambiente, importantes flujos migratorios entre países de distinto desarrollo económico, diferencias y falta de entendimiento entre culturas, etc. De la misma manera si consideramos como sistema al ser humano, en occidente hemos dado más importancia a la parte física e intelectual , dejando de lado las facetas emocional, sentimental y mental (en el sentido del conocimiento de nuestra mente). Si una persona desarrolla mucho el aspecto intelectual dejando de lado el emocional y sentimental, lo más probable es que tenga dificultades para identificar sentimientos, para gestionar emociones y como consecuencia de fluir y de relacionarse de una manera natural con las personas. Por el contrario una persona que ha desarrollado mucho el sentimiento (en relación a otras facetas), tendrá dificultad para gestionarlo y saber mantener una estabilidad, ya que esta nace fruto del discernimiento realizado con la mente.

Es por ello que el yoga aconseja que prestemos atención al conjunto del ser humano en sus aspectos físico, emocional, mental, sentimental y espiritual, buscando un desarrollo paralelo de todas estas realidades. Solo así lograremos un equilibrio y evitaremos las asimetrías que, como en todo sistema, generan tensión y conflicto.

Cuando los yoguis hablan de limpieza se refieren al conjunto del ser humano. En lo que concierne al aspecto emocional, mental y sentimental hacen hincapié en dos trabajos a realizar. El primero, ya comentado, es no generar nueva ‘basura mental’ evitando alimentar pensamientos negativos fruto de experiencias difíciles o poco gratas. Esos pensamientos generan emociones y realimentan sentimientos, constituyendo un ciclo creciente sin fin. El segundo área de trabajo consiste en la revisión de todo el contenido a nivel consciente y subconsciente, que nos condiciona y por lo tanto impide expresarnos con libertad. Este contenido es influenciado y generado por la educación, el ámbito cultural y la propia personalidad. A través de la observación el yogui constata que todo nuestro hacer cotidiano se ve influenciado por dichos contenidos y presta atención a su mente para ir detectando aspectos sutiles de estos condicionamientos que nos permitirán analizar en mayor profundidad su razón de ser y validez. Una vez que el yogui toma consciencia de la existencia de un condicionamiento, miedo a no ser valorado por ejemplo, utiliza su mente para analizarlo. Llega a la conclusión, en este caso, de que la valoración no ha de venir del exterior ya que entonces estaríamos sometidos permanentemente a los gustos de los demás (lo cual es un caos porque los gustos de las personas raramente coinciden y no podemos gustar a todo el mundo) y a las modas cambiantes, impidiéndonos forjar una personalidad estable y verdadera, fundamentada en lo que somos, no en lo que los demás esperan de nosotros. Por el contrario el yogui entiende que esa valoración nace en mí cuando consigo alinear mi hacer y mi sentir. Al hacer aquello que creo que debo de hacer independientemente de modas y gustos ajenos, se produce en mí un sentir de estabilidad, de paz y de confianza.
Evidentemente este es un trabajo de años y de pequeños pasos, en los que al principio sólo somos capaces de identificar pequeños condicionantes y posteriormente nos vamos adiestrando tanto en la observación como en el análisis de estos. Dejo de hacer cosas por lo que pensarán los demás, o hago cosas en función de lo que piensen.

Hay muchas falsas creencias fuertemente arraigadas en nosotros que condicionan nuestro hacer de manera absolutamente inconsciente, pero con gran fuerza. En la medida en que tomamos consciencia de ellas las revisamos y sustituimos por otras (como en el ejemplo anterior de la valoración) nos liberamos de ellas y sentamos unas nuevas creencias basadas en algo más real y verdadero.

Tags: , ,

Limpieza

Published by admin under Principal

Los niyamas son observaciones que recomienda el yoga si queremos lograr el objetivo de esta vida, descorrer los velos de la mente y darnos cuenta de la unicidad existente en todo. Esto evidentemente tiene por consecuencia la tan buscada felicidad.

Vayamos analizando este niyama desde su aspecto más físico al más sutil. Hemos ido viendo que el yoga considera al ser humano como un todo en el cual las distintas partes que lo componen se interrelacionan influyéndose mutuamente. Así los aspectos físicos, mentales, emocionales, sentimentales, espirituales, etc. están íntimamente relacionados. Decimos que en la práctica del hatha yoga, trabajamos la mente utilizando como soporte el cuerpo. Si flexibilizamos el cuerpo y suavizamos nuestros movimientos, nuestra mente se hará a su vez más flexible y fluida.

La limpieza se refiere primeramente al cuerpo. Es curioso comprobar la relación existente entre una persona desaseada y su forma de ser. Por lo general suelen ser más bien perezosos y dejados, entre otros atributos. Por el contrario una persona limpia, tiene una mayor tendencia a ser ordenada y diligente.

Ahora bien, la higiene ha de ser tanto por fuera como por dentro. En la higiene física interna, el yoga observa dos aspectos: primero no introducir en el cuerpo alimentos que sean nocivos para este y segundo busca eliminar las toxinas que se encuentran en su interior. La carne y en menor medida el pescado contienen toxinas y es por ello que el yogui evita comerlos. Además sus tejidos están impregnados de la energía propia del sufrimiento de su muerte, aunque también de adrenalina y otras hormonas, y al procesarlo asimilamos parte de esa energía no deseable.

La limpieza no sólo está relacionada con la calidad del alimento sino también con la cantidad. Es evidente la relación entre la cantidad de comida ingerida y los estados de ánimo. Cuando tomamos una comida pesada o comemos en exceso nuestra mente se hace densa y lenta, y es más propensa a la pereza y a estados emocionales bajos. Por el contrario cuando comemos lo que necesitamos el cuerpo lo procesa con relativa rapidez y nos sentimos ligeros tanto física como mentalmente.

En lo que a eliminación de toxinas se refiere hay dos métodos principalmente, aunque los ‘ejercicios respiratorios’ o pranayama también colaboran a tal efecto. El primer conjunto de métodos son los llamados Shatkarmas, que buscan limpiar ojos, fosas nasales y todo el sistema digestivo en general, quizás más reservado para yoguis avanzados. El segundo es a través de la práctica de las ásanas en sí. Como venimos comentando en las clases, las posturas masajean órganos estimulando la circulación de la sangre, a veces estancada. Al haber un mayor flujo sanguíneo las toxinas son incorporadas a la sangre y eliminadas a través de los diversos sistemas existentes para tal efecto. Esto es fácilmente comprobable en personas con problemas leves de articulaciones. Las ásanas les ayudan a liberar las toxinas acumuladas en las articulaciones reduciendo el dolor y permitiendo poco a poco una mayor amplitud de movimiento. Además las ásanas nos ayudan a liberar los bloqueos de energía que impiden una correcta circulación de esta y por lo tanto un correcto funcionamiento de los órganos y de la mente.

Una vez que hemos logrado un cuerpo limpio y sano, habremos puesto las bases esenciales para permitir la limpieza de la mente. Los velos de la mente enturbian nuestra visión sobre las cosas y la forma en que nos relacionamos con los demás. Nos hacen creer que estamos separados y aislados del resto cuando la realidad es bien distinta. La física cuántica ha demostrado que todo lo que existe está interconectado más allá del tiempo y del espacio, aunque para nuestros sentidos esto pueda parecer imposible. Dado que el yoga busca descorrer esos velos para ver la realidad tal y como es, este niyama resulta esencial. Con limpieza de la mente, los yoguis se refieren a la eliminación de dobleces, recovecos, dobles intenciones y por supuesto de intenciones negativas. Buscan hacer de su mente una herramienta útil, generando pensamientos positivos y simplificando sus intenciones. Permanecen observantes y no permiten la presencia de pensamientos nocivos porque ensucian sus mentes. Nos invitan a que intentemos desechar de nuestra mente aquellos deseos y pensamientos generen en nosotros emociones negativas, ansiedades y aversión al otro. En el momento en que tomamos consciencia de un proceso de pensamiento negativo nos recomiendan pararlo e incluso transformarlo viendo las repercusiones negativas que tiene sobre nosotros y sobre los demás.

De la misma manera nos piden que observemos nuestros sentimientos y que cuando veamos que nuestro corazón siente celos, envidia, ira, odio, etc. paremos nuestra mente.. Normalmente un sentimiento da pie a un proceso de pensamiento que realimenta dicho sentimiento. Si paramos la mente evitamos los efectos negativos de dicho proceso. Si además intentamos comprender por qué sentimos eso estaremos poniendo las bases para que nunca más se vuelvan a producir semejantes sentimientos nocivos. Los yoguis dicen que si dejamos que tales sentimientos habiten en nuestro corazón, estos generan un tren de pensamientos que a su vez generan emociones negativas. Nosotros vivimos y sufrimos esas emociones que sin duda tienen por efecto el malhumor, la agresividad, el distanciamiento del otro y la infelicidad. Viendo los resultados de dichos sentimientos entienden que lo mejor para mantener la estabilidad de la persona y su salud emocional y mental, es evitar alimentar dichos sentimientos y pensamientos.

¿Se dan en mi esos sentimientos y pensamientos negativos?, ¿deseo que estén ahí ahora que conozco sus implicaciones sobre mis estados emocionales?, ¿cuáles son los dos principales (sentimientos como celos, envidia, ira, etc.) que suelen asomar?, ¿me puede ayudar la aceptación a evitar que vuelvan a surgir una y otra vez?

Tags: , , ,