Integración

Published by admin under Principal

Muchos de nosotros sentimos una profunda necesidad de leer libros relacionados con la espiritualidad y temas afines. Ese impulso que nace de nuestra parte positiva suele ser, en muchos casos, transformado por nuestra parte negativa poniendo sobre él un velo de ambición (no estar nunca satisfechos con la cantidad de conocimiento que hemos adquirido porque hay más por adquirir), de ansiedad (que nos lleva a engullir literalmente los libros), de vanidad (porque usamos el conocimiento para que se nos valore), etc. Así pues algo que inicialmente nacía de nuestra parte positiva es rápidamente transformado, una vez más por desgracia, por nuestra parte negativa. Pero esa transformación se produce de manera sutil, de forma que resulta más complejo de identificar el punto negativo y separar lo que nace de nuestra parte positiva de lo que nace de la negativa.

Esta actitud transformada nos lleva a coger un libro detrás de otro y llenar nuestra cabeza de conocimiento, pero sin transformar nada en nuestra vida diaria, es decir, sin llegar nunca a integrar ese conocimiento. Podemos encontrar muchas personas con gran conocimiento sobre el mundo espiritual y tras observarlas vemos que no han sido capaces de vivir aquello que han leído. Es más, nos hablan no desde su experiencia personal sino de lo que otros han escrito. Y esto de alguna manera genera duda en nosotros ante la verdad expuesta por dicha persona.

Son muchos los maestros que han hablado sobre esto haciendo hincapié en la necesidad de parar nuestra mente, de no dejar que ese impulso o deseo positivo por mejorar sea transformado por nuestra negatividad. Es por ello que nos recomiendan integrar el conocimiento adquirido, de hecho el yoga habla del estudio de las escrituras (refiriéndose al estudio de todo aquello que refleje la verdad y que habrá y expanda nuestras conciencias). Dicen estudiar, no leer las escrituras. Estudiar, implica pararse, relacionar con nuestras propias vivencias, pasar por nuestros filtros de experiencia, reflexionar sobre el tema, etc.

Es importante aclarar que el yoga considera de interés para cada persona todo aquel conocimiento que me sirva para mejorar como persona, es decir, todo aquello para lo que me encuentre preparado a probar y experimentar con el fin de mejorar. Esto deja de lado, al menos temporalmente y hasta que no estemos preparados para ello, todo tipo de lecturas que se alejen de mi realidad y que hablen de temas que a día de hoy sólo llenan mi cabeza y no producen ningún beneficio tangible para mi evolución.

Para que un conocimiento pase de ser algo externo a algo propio, comprendido y sentido, debemos primeramente intentar relacionarlo con nuestras experiencias vitales (creando conexiones en nuestro cerebro entre eso que viene de fuera y que de algún modo queda en la parte ‘externa’ de nuestro cerebro con experiencias de nuestras vidas que estén relacionadas con el tema en cuestión). Ahí veremos reflejado el tema expuesto y podremos valorar por nosotros mismos (por nuestra experiencia) lo que se comenta. Paremos y veamos lo que sentimos.

Cuando leemos algo sobre lo que no tenemos experiencias previas podemos hacer un trabajo de visualización, recreando dicha experiencia y observando el sentimiento que se genera. Imaginemos que somos una persona muy impaciente y que leo que la paciencia genera calma, comprensión y aceptación del otro. Paro la lectura, visualizo una situación en la que haya sentido impaciencia e intento poner en práctica lo que el libro recomienda y observo el sentimiento que me queda (y si realmente es acorde a lo que se comenta en la lectura). Con esto además vamos creando un molde por el cual nos predisponemos a vivir con mayor facilidad la paciencia.

Cuando no relacionamos (estudiamos) lo que leemos o lo que viene desde fuera, no creamos conexiones con aquello y queda aislado y por lo tanto en el olvido.

Así pues, cuando leamos libros sobre mejora personal no tengamos prisa por acabarlos. Cuando encontremos algo que nos llama la atención parémonos, intentemos visualizar aquello y ver qué sentimiento nos mueve o que sensación nos deja. Si tomamos consciencia de que es necesario para nosotros desarrollar ese aspecto del que habla el libro, paremos ahí, dejemos pasar unas semanas poniendo nuestra atención en vivir aquello. Así habremos integrado y dejará de ser un conocimiento externo a mí y pasará a ser una realidad de la que puedo hablar desde mi experiencia personal y mi sentir.

Y es que resulta mucho más sencillo leer y dar por sentado que con ello estamos realmente transformando algo en nosotros, que pararnos, poner nuestra voluntad y dedicar tiempo a intentar vivir aquello que hemos leído y que hemos considerado una verdad que es necesaria integrar en nuestras vidas.

Intentemos hacer este ejercicio de conexión en las clases de yoga cuando exponemos los distintos temas asociados con la mejora del ser humano.

Tags: , , , ,

Obstáculos en la meditación

Published by admin under Principal

Numerosos son los obstáculos que encontraremos para poder meditar. Los encontraremos tanto antes de sentarnos (pereza, falta de interés, etc.) como una vez sentados (dispersión, impaciencia, apego). Es por ello una buenísima oportunidad para observarnos y ver cuales son esos motivos que hacen que no me quiera sentar a meditar o impiden que medite una vez sentado. Sólo con el análisis de estos motivos ya estaremos sacando un provecho muy valioso de la meditación, ya que nos ayudará a conocernos más en profundidad. Al observarnos descubriremos falta de sinceridad con nosotros mismos, ya que intentaremos convencernos de que en realidad no tenemos tiempo para meditar o no podemos, o que la meditación es para otros. Veremos cómo nuestra mente busca excusas de todo tipo para evadirse de la meditación, lo cual tiene su por qué como a continuación explicamos. Todos nosotros tenemos nuestra parte positiva (de la que emanan las virtudes) y nuestra parte negativa (defectos), que tradicionalmente se ha representado con el ángel en un hombro y el diablo en el otro conversando con nuestra conciencia e intentando convencerla cada uno en su sentido. Como ya hemos comentado en otras clases, la meditación es una buena herramienta que nos ayuda a ir conociéndonos, ya que permite que aflore lo que hay en nuestro interior. De una manera intuitiva, nuestra parte negativa sabe que la meditación supone el principio del fin de sus vicios o defectos, y es por ello que intenta por cualquier medio poner obstáculos para impedirlo. El miedo y el sentimiento de culpabilidad son dos poderosas herramientas que utiliza nuestra parte negativa. Esta parte negativa usa el miedo para evitar que reflexionemos o nos enfrentemos a determinadas situaciones impidiéndonos superar aquello que nos frena, condiciona o incapacita. También usa el sentimiento de culpabilidad para dejar las cosas tal y como están, porque la culpa no quiere mirar a las causas de nuestra mala acción sino que nos deja lamentándonos sobre nuestra actitud o carácter, sin permitir que analicemos las causas, aprendamos y cambiemos.

Podríamos decir que cada uno pondrá, de manera inconsciente, sus propios obstáculos para no sentarse a meditar. Es por ello que de esta observación ganaremos mucho sobre el conocimiento de nosotros mismos, lo que nos permitirá saber qué debemos de trabajar internamente (unos tendrán que trabajar la pereza, otros no poner excusas y ser sinceros, otros el desapego, la constancia, el compromiso, etc.).

Dado que los obstáculos dependen de la naturaleza de cada persona presentamos, a modo de resumen, algunos de los que consideramos más frecuentes:

  • Impaciencia. En nuestra sociedad vivimos principalmente desde la mente, así pues esperamos que algo suceda mientras meditamos y si no es así tenemos la sensación de perder el tiempo o de no estar haciéndolo bien. Esta actitud es la que impide que meditemos porque nuestra mente está activa, buscando o esperando algo, y lo que buscamos es serenarla, reducir su actividad para abrir paso a otras expresiones de nuestro yo. Así pues seamos pacientes y tengamos en mente que sentarnos a meditar siempre es positivo y tiene un efecto sobre nosotros, aunque no seamos capaces de percibirlo
  • Apego a los resultados. Muchos son los que habiendo leído los beneficios que se derivan de la práctica asidua de la meditación se adentran en ella. Ahora bien, nos hemos acostumbrado a trabajar por cosas que dan resultados a corto plazo, y la meditación no da esos resultados de los que se habla en los libros a corto plazo (aunque sí otros como ya hemos comentado). El querer obtener los beneficios antes de tiempo nos lleva a la desmotivación y después al abandono. Así pues, sabiendo que la meditación da resultados desde el primer momento en que nos sentamos, no nos apeguemos a los grandes beneficios y sepamos ir valorando los “pequeños” (aunque yo no diría tan pequeños) beneficios que nos va aportando.
  • Falta de disciplina. En otras clases hemos comentado la importancia de crear un hábito (horarios, lugar, etc.) para que la mente identifique los patrones y se predisponga a meditar. La falta de disciplina impide que estos patrones se creen, dificultando el progreso en la meditación y minando nuestra moral, teniendo por último resultado el abandono.
  • No seguir la técnica. En los primeros años de meditación seguir una técnica fija para meditar nos ayuda a generar el hábito que predispondrá a nuestra mente a meditar. Así pues una vez que hemos comprendido el sentido de la técnica acojámoslo y cuando dominemos la meditación podremos prescindir por completo de él, porque aquello será en nosotros de una manera tan clara y evidente que pequeños signos nos predispondrán a tal estado.
  • Postura inapropiada. Para poder serenar la mente el cuerpo tiene que estar en una postura cómoda (que no haya tensiones y que podamos mantener durante largo tiempo). Además la postura ha de asegurar un correcto fluir de la energía por el cuerpo, especialmente en la columna vertebral.
  • Hábitos mentales y físicos. Si tenemos poca costumbre de concentrar la mente (ya sea a través de la lectura u otras actividades) nos resultará más complicado meditar. Así pues, apaguemos de vez en cuando la radio y la televisión y dejemos que la mente se relaje adentrándose con las actividades cotidianas que lo permitan (limpieza de la casa, cuidado de plantas o animales, cocinar, etc.). Las personas muy mentales encontrarán más dificultades para meditar que aquellas que tienen una conexión más fluida con su sentimiento. Una vida externa sobrecargada de movimiento físico tiende a promover una mente agitada e inestable.

A medida que nos sentamos a meditar observamos como todos estos obstáculos aparecen y, tras la toma de consciencia apropiada y la concentración correcta, desaparecen con el tiempo, haciendo de la meditación una actividad placentera y renovadora, que vitaliza nuestro ánimo y nuestras emociones positivas.

Tags: , , , , , , , , ,

Meditación I

Published by admin under Principal

Hemos comentado en otras ocasiones que el Hatha Yoga forma parte de uno de los cuatro senderos del yoga: el ‘Raja Yoga’ o yoga de la mente. Pero el Raja Yoga no sólo comprende el ‘Hatha Yoga’ sino otras formas de yoga como pueden ser el kundalini yoga. El ‘Raja Yoga’ se caracteriza por tener ocho etapas que llevan progresivamente a la consecución del fin último del yoga: la realización del Ser, es decir, el percibir de manera clara y permanente la unión con la Consciencia Universal (o Dios) y por lo tanto con los demás. Una vez eliminado de nosotros la ilusión de la separación y habiendo experimentado que la esencia que nos anima es la misma, para el hombre realizado deja de tener sentido el tratar a otros de manera diferente a como se trata a sí mismo. Entiende que hacer esa diferenciación sería lo mismo que tratar de manera distinta mi mano izquierda de la derecha, cuando en el fondo forman ambas parte de mí. Como es de esperar el proceso por el que logramos dicha realización conlleva la transformación del egoísmo (una vida basada en el yo) en generosidad y amor (una vida en la que me mantengo pendiente de las necesidades de los demás).

Las ocho etapas tienen un orden lógico como explicamos a continuación:
1. Restricciones (Yama).
2. Observaciones (Niyama).
3. Posturas físicas (Asana).
4. Control del prana a través de la respiración (Pranayama).
5. Retracción de los sentidos (Pratyahara).
6. Concentración (Dharana).
7. Meditación (Dhyana).
8. Supraconsciencia (Samadhi).

En las últimas clases venimos hablando en detalle de cada unas de las ‘restricciones’ y ‘observaciones’ que tienen por objetivo ir transformando poco a poco nuestra negatividad que al final nos impide y condiciona en la expresión de lo que realmente somos, un espíritu con cualidades positivas como el amor, la aceptación, la generosidad, la compasión, etc. Los yoghis han experimentado que si seguimos las pautas marcadas por las restricciones y observaciones, el hombre camina hacia una vida de felicidad y de plenitud. Si por el contrario no las sigue habrá una mayor tendencia hacia la frustración y el vacío.

Tradicionalmente en India, una persona que se quería adentrar en el estudio del yoga (como estilo de vida y forma de perfeccionamiento humano) no empezaba con la práctica física (lo que conocemos en occidente por yoga) hasta no haber desarrollado en cierta medida los puntos uno y dos. Para el Yoga, como para la ciencia occidental, una grandísima parte de las enfermedades tienen su origen en nuestra forma de vivir y más concretamente en el uso que hacemos de la mente (origen psicosomático de las enfermedades). No tiene pues sentido empezar a trabajar el cuerpo, para devolverlo a su estado natural de salud y flexibilidad, si lo que causa la enfermedad sigue estando presente: violencia, mentira, falta de contentamiento, avidez, etc. Una vez realizado ese trabajo de mejora personal, comenzaban a aprender las ‘posturas físicas’ y el pranayama, con el fin de mantener el cuerpo y la mente sanas, a la vez que se armonizaba el flujo energético en el cuerpo.

Habiendo logrado una limpieza de mente (lo que implica limpieza de pensamiento, de acción y de sentimiento) y habiendo preparado el cuerpo el yogui está preparado para adentrarse en la meditación. Es de esperar que si una persona no ha hecho ese trabajo previo, cuando intente meditar habrá un montón de pensamientos ‘no colocados’ que aparecerán en su mente buscando su lugar.

Siguiendo con el punto cinco, en las clases de yoga vamos trabajando la retracción de los sentidos a través de la interiorización, por medio de la concentración de nuestra mente sobre la respiración, los órganos, etc., intentando desconectarla del mundo exterior con el que nos comunicamos a través de los sentidos.

Los tres últimos pasos están relacionados aunque difieren grandemente en su naturaleza. Dharana consiste en ir concentrando la mente en objetos, externos o no, con el fin de educarla y de controlarla. En este estado nuestra mente se muestra aún un poco salvaje no queriendo fijarse de manera continua, se produce un ir y venir sobre el objeto en el que nos concentramos. En la meditación nuestra mente sigue fija en el objeto, pero de una manera continua, no hay un ir y venir, por mi mente no se agolpan pensamientos a los que me apego que me sacan y alejan del objeto en meditación, hay un aquietamiento del flujo mental.

En relación al estado de Samadhi pocas palabras se pueden decir ya que es un estado en el que estamos más allá de nuestra consciencia. Muchos místicos han intentado explicarlo con palabras, pero resulta complicado ya que las palabras pertenecen al dominio de la mente mientras que el estado de Samadhi está más allá de esta. Se podría definir a partir de algunas de sus consecuencias, pero eso no sería definir el estado en sí. Durante el Samahdi se produce una paradoja, somos más conscientes de nosotros mismos de lo que lo hayamos sido jamás, pero a la vez ese estado de consciencia, aún siendo tremendamente claro y preciso, es vago en el sentido de que dejo de estar identificado conmigo mismo, con mi mente y con mi cuerpo, mi consciencia individual se sumerge en la Consciencia Universal de la misma manera que una gota de lluvia se funde con el océano. Paso a sentirme parte de todo lo que es, de esa Consciencia Universal (para otros llamada Dios) que es la que da vida a todo.

Tags: , , , , , , ,

Resumen y conclusión de los ‘yamas’

Published by admin under Principal

Según el yoga con el cumplimiento de los ‘yamas’ logramos dos objetivos: por un lado evitamos comportamientos que tienen efectos no deseados a medio plazo y por otro liberar los bloqueos energéticos existentes en nosotros permitiéndonos expresar aspectos y cualidades propias de nuestro espíritu como la comprensión, la tolerancia, la paz, la compasión, la verdad, la aceptación… La violencia, la mentira, etc. nacen en nuestra mente y al oponerse a la realidad de la vida, bloquean el flujo natural de esta en nosotros.

Hay una cualidad necesaria que merece la pena destacar que subyace en el cumplimiento de todos los yamas, se trata de la aceptación. Veamos el poder transformador de la aceptación en cada uno de los yamas:

- No violencia. Cuando nuestros deseos y proyecciones mentales sobre lo que queremos que sea la realidad no concuerdan con esta, reaccionamos de una manera violenta contra la vida, contra los demás y nosotros mismos. A través de la agresividad y la violencia, desde sus formas más burdas hasta las más sutiles, intentamos imponer a la vida, al otro o a nosotros mismos la realidad que nosotros deseamos. Si por el contrario acogemos la vida, al otro e incluso a nosotros mismos tal y como somos, estamos logrando a través de la aceptación eliminar el sufrimiento creado por la diferencia existente entre la realidad y lo que nosotros habíamos proyectado. A modo de ejemplo, visualicemos una situación en la que el otro no piensa como yo. La tendencia es imponerle mi forma de ver las cosas, ya que quiero que el otro reafirme mi verdad por encima de aceptar que tiene una forma distinta de ver las cosas. Otro ejemplo simple sería: si me voy de fin de semana, deseo que sea soleado. Cuando me levanto y veo que no hace sol, maldigo y me enfado porque las cosas no son como yo quería. De esta manera me predispongo a que todo lo que suceda ese día, aunque sea hermoso, no me llegue ni satisfaga porque mi estado emocional es negativo y por lo tanto mi percepción la realidad se ve transformada. Si por el contrario acepto aquello y me digo, ‘bueno seguro que será una buena experiencia igualmente’ no empezaré el día enfadado y abriéndome a posibles experiencias no previstas pero enriquecedoras.

- No mentira. La mentira ofrece al otro la visión de lo que a nosotros nos gustaría ser o que las cosas fueran, aunque no lo seamos. Esto nos hace fingir llevándonos a un estado de nerviosismo e inseguridad porque siempre existe la posibilidad de que se descubra la verdad. Vivimos preocupados por que aquello no salga a la luz. Y al final resulta más beneficioso para nuestra felicidad aceptar la realidad que no tergiversarla, por mucho que pueda parecer que obtenemos un beneficio. Quizás ese beneficio exista a corto plazo, pero la inseguridad que genera a medio suele ser mayor. En la medida en que nos aceptamos como somos y aceptamos nuestras circunstancias, no tenemos miedo a ser sinceros ni con nosotros ni con los demás. Esto no sólo facilita y hace más auténticas nuestras relaciones, sino que además nos sitúa en una posición inmejorable para cambiar lo que no nos gusta de nuestra personalidad. Sólo a través de la aceptación de que hay algo en nuestra personalidad que no nos gusta podemos transformarlo en aquello que deseamos ser.

- No avidez. Cuando no estamos satisfechos con lo que somos o con las circunstancias que nos han tocado vivir buscamos en el exterior aquello que creemos que nos hará felices. Y así comenzamos una carrera por obtener aquello que creemos que nos hará felices, pero esta carrera resulta ser una trampa porque según los yoguis la paz se encuentra en nuestro interior. A través de la aceptación de nuestras circunstancias, empieza a entrar el sosiego y la serenidad en nuestras vidas. La aceptación hace descansar a la mente y sentirse satisfecha con la realidad que nos rodea. A partir de aquí cesa el deseo, y aún habiendo áreas en las que nos gustaría mejorar eso no nos desequilibra ni hace sentir a disgusto en el presente.

- La sensualidad. Por un lado los yoguis nos animan a entender que existe una vida externa, esa con la que nos relacionamos a través de los sentidos y la mente, y una vida interna, a la que se accede a través de la introspección, la reflexión y la meditación. Para ellos es esencial que el ser humano encuentre un equilibrio entre las dos. La felicidad no es posible si vivimos sólo la vida exterior y aseguran que vivir sólo esta parte nos lleva a buscarla a través de la satisfacción sensorial y de la mente, lo que es absolutamente imposible. La aceptación en este caso nos permite utilizar los sentidos de la manera apropiada, no intentando llevar al extremo sus gratificaciones, permitiéndonos esto adentrarnos en esa otra vida, la vida interior, descubriendo nuestra esencia y caminando hacia la felicidad.

- La codicia. Dijimos que la codicia nos lleva al apego y a la identificación con las cosas, en su sentido más amplio. Dado que todo lo que pertenece al mundo manifestado, en el que vivimos, es por naturaleza cambiante, esta identificación nos hace fluctuar con aquello a lo que estamos apegados. La aceptación nos ayuda a desidentificarnos de las cosas, lo cual nos permite usarlas y disfrutarlas pero sin depender de ellas. Esto significa que ante su ausencia nuestra felicidad no se verá alterada.

Como hemos visto el problema principal, en lo que a los yamas se refiere radica en la diferencia que existe entre lo que deseamos y lo que la vida nos trae. Para poder aplicar la aceptación en cada uno de estos casos debemos de ser capaces de renunciar a aquello que estamos queriendo. Según los yoguis a medida que tenemos un conocimiento más elevado de la vida, entendemos que no siempre lo que deseamos es lo mejor para nosotros, lo cual nos permite ir poco a poco renunciando a aquello que creíamos que era lo mejor, porque quizás haya otras experiencias que escapan a nuestra imaginación que son mejores.

Tags: , , , , , , , ,

Veracidad o no mentira

Published by admin under Principal

La segunda observación o ‘yama’ dentro de las cinco que propone la filosofía del yoga es la no-mentira. Una vez más, debemos de entenderlo en su sentido obvio y sutil dado que en sánscrito tiene un significado amplio y profundo. Es por ello que dedicaremos unos minutos a desmenuzar lo que este ‘yama’ significa. Hablaremos de las implicaciones de la verdad y de la mentira.

Se refiere al uso de la verdad con los demás y con uno mismo. Sobre la verdad en sentido obvio no hace falta hablar mucho, sabemos que las consecuencias de la mentira tienden a dificultar las cosas a medio plazo agravando por lo general los problemas. Yendo a un sentido más sutil de la verdad, nos encontramos con las justificaciones que nos hacemos a nosotros mismos y a los demás. Cuando nos justificamos ante nosotros, es porque no queremos reconocer la verdad tal y como es. Así pues el ejercicio de este yama implica no justificarnos y aceptar la realidad que se da en nosotros. Esto nos llevará a conocer que es lo que nos mueve a la acción y cuáles son los valores en los que está sustentado nuestro hacer. A partir de aquí empezaremos a conocernos tal y como somos sin dobleces, lo que nos permitirá aceptarnos con nuestras virtudes y defectos. Al conocernos nos estamos predisponiendo para transformar aquello que vemos que no es bueno para los demás ni para nosotros mismos.

No debemos confundir decir la verdad con la crueldad, ni dejar que la verdad se convierta en una excusa para atacar con mala intención al otro. Vivir con la verdad no quiere decir expresarla constantemente, hay que sopesar cuando por el beneficio del otro debemos hablar y cuando debemos callar. La verdad es beneficiosa siempre. Hacer afirmaciones dañinas aún cuando estén basadas en hechos obvios, pero superficiales y temporales, no es vivir con la verdad. Así pues no utilicemos la verdad como arma para ejercer la violencia, queriendo imponer al otro nuestra voluntad. Muchos se aferran a una verdad y la utilizan para justificarse y dar salida a su agresividad. La verdad nunca puede llevarnos a la dureza de corazón.

Vivir con la verdad implica que nos preguntemos sobre nuestros propios mitos y creencias, que son los que en última instancia nos llevan a actuar como lo hacemos. Por ejemplo, si se me ha educado en la no igualdad de oportunidades entre el hombre y la mujer, vivir con la verdad significa preguntarme sobre la validez de esa enseñanza. Y al descubrir su falsedad sustituirla por una acorde con los principios morales universales. Nuestra sociedad ha sido diseñada por hombres y como tal es imperfecta, y muchos de los mitos que sustentan nuestros valores son falsos. Ejemplos los tenemos a nuestro alrededor a cientos. Nuestra sociedad ve la Tierra como algo que se puede explotar sin límite ni cuidado. Ahora estamos recogiendo los frutos de esa visión, las consecuencias son más que evidentes. De alguna manera vivir con la verdad significa revisar nuestros valores, depurarlos, renovarlos y alinearlos con la ley natural que todo ser humano lleva dentro y que es universal.

Los velos de la mente (nuestras falsas creencias) nos llevan a actuar como lo hacemos considerándonos aislados de los demás, cuando la verdad es que el espíritu que nos anima es uno, y que junto con la Tierra y los demás seres que la habitan formamos una comunidad de vida interdependiente. Busquemos descorrer y disolver dichos velos para ver las cosas tal y como son, y vivirlas de una manera plena desde la verdad.

Seguir esta observación, de no-mentira, nos lleva a buscar la verdad progresivamente en todo. Y a medida que conocemos la verdad, esta nos va liberando. A medida que entiendo en qué están basados mis miedos, súbitamente pierden parte de la fuerza que tenían y me capacito para poder hacerlos frente. El miedo impide la felicidad y limita al ser humano en la expresión de quien realmente es. Según voy entendiendo que ciertos comportamientos míos están basados en determinadas emociones, sentimientos y prejuicios, comprendo las causas y puedo transformarlas para no producir siempre los mismos efectos que son negativos y me hacen infeliz.

La mentira siempre está asociada a la no aceptación de las cosas. El primer paso para conocer la verdad sobre las cosas es aceptarlas tal y como son realmente, sin justificaciones. Sólo podemos trabajar con lo que es, y partiendo de ahí intentar mejorar las situaciones.

Una actitud de adhesión a la verdad implica parar nuestra mente y no dejarla que emita, a partir de nuestros prejuicios, juicios prematuros. Dejar nuestra mente en blanco dando la oportunidad a que aquello que estamos conociendo se exprese. Nuestra tendencia es a coger sólo parte de la información que observamos, pasarla por el filtro de nuestra mente y elaborar un juicio, que por lo general no refleja la realidad.

Querer vivir la verdad significa a estar dispuesto a escucharla, lo cual no es fácil.

Querer vivir con la verdad significa estar dispuesto a dejar de lado nuestra verdad, para abrir un espacio donde otras verdades puedan complementar o sustituir la nuestra. Un científico que examina en profundidad la naturaleza de las cosas, sin permitir que prejuicio personal alguno influya sobre sus investigaciones está, en cierta medida, practicando la adhesión a la verdad.

En la práctica del yoga, podemos trabajar la verdad a través de las ásanas y de la aceptación. Como decíamos antes, para poder conocer la verdad es necesario estar dispuesto a aceptarla. Así pues cuando construyamos una ásana, de estiramiento por ejemplo, adoptemos una actitud de observación de nuestro cuerpo, veamos hasta dónde podemos construirla y mantenerla cómodamente y pudiendo relajarnos. Llegados aquí aceptemos ese punto y al hacerlo veremos cómo al hacer esto liberaremos la tensión que nos impide relajar y estirar.

Tags: , , , ,